En los últimos años, han pasado cosas en el mundo que parecen atentar contra la humanidad, desde una pandemia, hasta una nueva ideología contraria a los valores y principios, pasando por un ataque directo hacia la familia, la pareja, los niños y los adolescentes.

Esto nos debe llevar a una reflexión profunda, no sólo de cómo estamos haciendo las cosas, si no de cuántas otras estamos dejando de hacer, en qué estamos fallando como sociedad, como ciudadanos, como padres, como hijos, como esposos, como miembros de una comunidad.

Hoy he decidido poner manos a la obra, cambiando mi forma de pensar, de ser, de actuar, para enfocarme en un propósito: “Yo quiero un mundo mejor”, para mis hijos, mi esposa, mis padres, mis seres amados, amigos, compañeros de trabajo, vecinos, etc.

Quiero hacer todo lo que sea posible por mejorar mi vida e impactar en la de los demás, contribuir a una mejor sociedad, a una sana convivencia, siendo empático con los que me rodean, ayudando a todas las personas que pueda, en la medida de mis posibilidades.

Te quiero animar a hacerlo tú también, a que vivas todos los días, sin dejar pasar la oportunidad de brindar ayuda a quien lo necesite, a tender la mano a quien esté pasando por una tribulación, esté sufriendo una pena, dolor, desesperación, angustia, ansiedad.

Todos los días tenemos el enorme privilegio de ser bendición para alguien, con un gesto de amabilidad, un acto de misericordia, una provisión material, una palabra de aliento, de fe, de esperanza; una mano que levanta, que anima, que esfuerza; un abrazo que consuela, que calma, que apacienta; un beso que llena de amor, cariño, calidez.

Las cosas verdaderamente valiosas, no se pueden, comprar (la paz, el amor, la salud, la familia, la fe), y lo mejor es que con excepción de la salud, todas están al alcance de nuestras manos, si nos esmeramos por conseguirlas, por cuidarlas, por compartirlas; el primer paso para lograrlo está en nosotros, procurando el bien para los demás.

Yo quiero un mundo mejor, y para ello seré el primero en buscar el cambio, en mi interior, desde mi racionalidad y mi espiritualidad. El escritor francés Marcel Proust, tenía un aforismo que me encanta, decía “Aunque nada cambie, si yo cambio, todo cambia”.

Jonh Wesley, el fundador de la iglesia cristiana evangélica metodista, tenía un proverbio: Haz todo lo que puedas, con todos los medios que puedas, en todas las maneras que puedas, en todos los lugares que puedas, en todos los tiempos que puedas, a todas las personas que puedas, cada vez que pueda”, en suma, una vida de servicio, que sin duda causará un impacto en los demás, empezando por quienes viven a nuestro alrededor.

Debemos ser agradecidos con Dios, por cada día, teniendo plena conciencia que somos doblemente responsables por nuestra felicidad y la de los demás, para que cada día que termine podamos dar gracias a Dios por un día maravilloso más, en el que pude ser útil para sus propósitos, y decirle aquí está tu siervo inútil, que Tú lo haces sentir útil; y con ello cumplir su palabra como dice en el libro de los Proverbios 3:27: “No te niegues a hacer el bien a quien es debido, cuando tuvieres poder para hacerlo”.

 

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