Sin duda los actos más valiosos, significativos y gratificantes, son los actos de servicio, como ya lo había dicho antes, cuando escribí un artículo que se tituló “vivir para servir” y que gracias a mi estimado amigo Rodolfo Jaimes del Moral, el artículo fue publicado en el libro de Ética I, para Bachillerato como parte de la edición de libros de texto de la Dirección General de Bachillerato de la Secretaría de Educación del Estado de Veracruz (SEV), con la finalidad de que los estudiantes realicen un ejercicio en base a esa columna.

De igual manera, éste es uno de los temas que incluyo y pongo mucho énfasis cada vez que tengo la oportunidad de impartir algún curso de capacitación sobre “Atención al Público y Actitud de Servicio” y/o “Calidad en el Servicio con Perspectiva de Género”, éste último por cierto, con muy grata respuesta por parte del personal del Comisión del Agua del Estado de Veracruz (CAEV) en el mes de febrero y en días pasados por el personal de la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL), agradezco infinitamente a mi queridas amigas Paty González Sarquiz y Diana Baizabal, titulares de la Unidad de Género de las dos dependencias respectivamente,  por la invitación para compartir un tiempo y seguir creciendo juntos, pero sobre todo, para hacer una de las cosas que más disfruto, que tengo como propósito de vida y ministerio al servicio de los demás, porque a donde quiera que me inviten a dar un curso, una plática, una conferencia, ahí estaré.

La ayuda a los demás debe ser un acto espontáneo, genuino y voluntario, que trae consigo una doble bendición, tanto para el que la recibe como para quien la da. De tal forma que al brindar la ayuda, en primer lugar nos hace sentir bien con uno mismo, dándonos la satisfacción de haber hecho una buena acción; la madre Teresa de Calcuta, decía que si todas las personas hiciéramos una buena obra al día, causaríamos un revolución de amor en el mundo.

Por otro lado, quien recibe el favor, puede experimentar una paz, un alivio, ante una circunstancia adversa, de apremio o de dificultad, y con mayor impacto si esa ayuda proviene de algún desconocido que fue movido a misericordia, solidaridad o compasión al verla en un momento de apuro, convirtiéndose en un potencial ayudador, al tener la oportunidad de replicar el auxilio a otra persona, y de esta manera lograríamos hacer una “CADENA DE FAVORES”.

La semana pasada un buen amigo del trabajo, quien mantendré en el anonimato, pero me ha dado autorización para compartir una anécdota que le ocurrió en días pasados, me relataba que se dispuso a comprar comida para llevar en un restaurante cercano a la oficina, que hizo su orden y al momento de pedir la cuenta, el monto era $6 (seis pesos) mayor del precio de los platillos, y que preguntó porque del excedente, a lo que le respondieron que le estaban cobrando un par de recipientes de unicel ¡zas! ¡qué hago! En ese momento no llevaba más dinero que el importe justo de su comida, y para su sorpresa uno de los comensales se paró y pagó el dinero; él por supuesto, se quedó impávido, impactado y agradecidísimo con aquel desconocido que lo saco del apuro, no por el valor del dinero, sino por la acción en ese preciso momento; días después acudió a una panadería, donde un señor que estaba formado para pagar antes que él, le ocurre lo mismo, a la hora de pagar le faltaban $8 (ocho pesos), y que le pedía al despachador le quitara 2 piezas de pan para ajustar su cuenta, entonces mi compañero sin pensarlo ni dudarlo, pago el dinero, es decir, replicó aquel favor que había recibido en días anteriores; ¡wow! Que grandioso sería convertirnos en replicadores y lograr una cadena de favores.

Amigos míos, los animo, los exhorto a que todos los días, hagamos una buena obra o más, que no dejemos pasar la oportunidad de ser de bendición y bendecidos al mismo tiempo por ayudar a los demás, no nos neguemos ese privilegio, tal como lo dice Dios en el libro de Proverbios: 3:27 “No te niegues a hacer el bien a quien es debido, cuando tuvieres poder para hacerlo”

 

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