Por Agustín Contreras Stein
Xalapa, Ver.- Lo dicho por el subsecretario de Gobierno, José Manuel Pozos Castro, sobre el senador Manuel Huerta Ladrón de Guevara, sigue resonando en los pasillos de Palacio de Gobierno. Sus declaraciones no pasaron desapercibidas y dejaron claro un mensaje político contundente: los proyectos del legislador veracruzano no encuentran respaldo sólido ni dentro de Morena ni fuera de él.
La sacudida política para Huerta parece haber llegado desde donde menos lo esperaba. Su postura crítica hacia el gobierno estatal, encabezado por la gobernadora Norma Rocío Nahle García, habría debilitado aún más sus aspiraciones. Y es que, en política, los tiempos y las formas cuentan, y el senador habría dirigido sus ataques hacia un terreno donde, por ahora, no tiene margen de competencia.
Desde hace tiempo, Huerta ha mostrado su interés por la gubernatura de Veracruz; sin embargo, las circunstancias no le han favorecido. Sus intentos han quedado en aspiraciones, mientras el escenario político se vuelve cada vez más complejo y dividido, incluso al interior de Morena, donde los intereses y las disputas internas son cada vez más evidentes.
Prueba de ello es lo ocurrido recientemente con el dirigente estatal Esteban Zepeta, quien fue confrontado por militantes en Tatahuicapan. El episodio escaló al involucrar al presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso local, Esteban Bautista Hernández, quien tuvo que deslindarse públicamente, dejando en evidencia la falta de cohesión dentro del partido.
La situación de Zepeta refleja un desgaste político evidente. Su liderazgo ha sido cuestionado incluso por su propia base, lo que pone en duda su permanencia al frente de Morena en Veracruz. Este debilitamiento ocurre en un momento clave, rumbo a un proceso electoral donde el partido busca mantener posiciones estratégicas, especialmente en el Congreso federal.
Ante este panorama, la prioridad para Morena debería ser la unidad interna. Los recientes conflictos muestran signos de una posible fractura que podría afectar su desempeño electoral. Más allá de aspiraciones individuales, el reto inmediato es cerrar filas en torno al proyecto estatal y evitar que las divisiones internas se traduzcan en pérdidas políticas.
Mientras tanto, otros actores comienzan a moverse. Juan Javier Gómez Cazarín recorre el estado con bajo perfil pero con objetivos claros. Su cercanía con programas federales y su habilidad política lo colocan como un posible aspirante que podría sorprender en el momento oportuno.
En un contexto donde la grilla política crece y las tensiones internas se intensifican, Morena en Veracruz enfrenta un desafío crucial: mantener la cohesión o arriesgar su posición en el próximo proceso electoral.
Y MAÑANA, aquí nos encontraremos, si otra cosa no sucede.
