Por Mauricio Lascurain Fernández
28 de abril 2026, Xalapa, Ver.- Por un tiempo se creyó que la globalización había rebajado el valor de la geopolítica. La economía, la tecnología y el comercio parecían acaparar el escenario internacional. Muchos creyeron que las fronteras se volverían irrelevantes, que los conflictos entre potencias quedarían atrás. Pero los últimos años demostraron exactamente lo contrario.
La guerra en Ucrania, la rivalidad creciente entre Estados Unidos y China, las tensiones energéticas e incluso las disputas tecnológicas han demostrado que el poder sigue siendo el centro de la política internacional. La diferencia es que ahora los conflictos ya no son solo militares. En el comercio también se desarrollan las redes digitales, la información y el control tecnológico.
La geopolítica está hoy presente incluso en aspectos cotidianos que muchas veces se pasan por alto. Un microchip, una aplicación móvil o una red social pueden ser herramientas de competencia internacional. La tecnología dejó de ser sólo innovación económica y pasó a ser parte de la seguridad estratégica de los Estados.
La pandemia también nos dejó ver algo importante. Al surgir la crisis sanitaria, muchos países cerraron fronteras, limitaron exportaciones y priorizaron los intereses nacionales. En teoría el mundo estaba más conectado que nunca, pero en la práctica cada gobierno reaccionó pensando primero en protegerse a sí mismo.
Esto explica por qué cada vez escuchamos más conceptos como la soberanía, la seguridad energética o la autonomía estratégica. Los gobiernos vieron que ser muy dependientes de otros países puede ser un punto débil. La globalización continúa, pero ahora se produce en un entorno de competencia internacional mucho más aguda.
Actualmente las disputas tampoco se explican solo por territorio o recursos naturales. Las narrativas, la identidad y la información pesan mucho. Las redes sociales, los medios, los discursos políticos se volvieron espacios donde también se construye poder. La desinformación, por ejemplo, se convirtió en una herramienta con la que se podía influir en elecciones, polarizar sociedades y debilitar instituciones.
El problema es que muchas veces seguimos viendo el mundo con ojos del pasado. Hay quienes todavía creen que la política internacional se reduce a acuerdos económicos. Otros lo reducen todo a los conflictos militares tradicionales. La verdad es más complicada.
Estamos viviendo en una época en que la competencia global se da simultáneamente en diferentes niveles. Hay disputas, al mismo tiempo, comerciales, tecnológicas, culturales, políticas. Las guerras no se han ido, sólo han cambiado de forma.
Tal vez por eso la geopolítica volvió a ocupar un lugar central. No porque el mundo haya dado un paso atrás, sino porque la interdependencia global también engendra nuevas rivalidades. Comprender esto es clave para entender por qué el escenario internacional actual se muestra cada vez más inestable, fragmentado y competitivo.
