Gutierre Tibón, italiano de Lombardía, avecindado en nuestro país desde 1940 hasta su muerte en 1999. Jaques Soustelle,  (frances, 1912-1990) etnólogo experto en culturas mesoamericanas, al referirse a Tibon decía, “fue un humanista curioso de todas las cosas y de erudición ilimitada”, fue erudito en sociología, etnología, filosofía, lingüística y diversas disciplinas más. Siempre manifestó un interés especial en el ombligo y escribió artículos y libros sobre esta cicatriz abdominal de leyenda y sensualidad. Comentaré con especial placer lo que Don Gutierre Tibón escribió en su libro “El ombligo, como centro erótico” Fondo de Cultura Económica 1979, en el que trata al ombligo desde el punto de vista etno-antropológico, sin intenciones meramente sensuales.

En náhuatl, la palabra México significa “ombligo de la luna”, esta concepción encierra toda una leyenda cósmica con implicaciones geográficas, psíquicas, esotéricas y sensuales.

El Cantar de los Cantares, libro ancestral atribuido al rey Salomón es el primer monumento literario donde el ombligo de la mujer se ensalza como dechado de belleza. En esta épica obra,  el Rey alaba el ombligo de su amada La Sulamita. La considera “Mujer con ojos de paloma, dulce voz, cabellos como manada de cabras, mejillas que son cachos de granada, vientre como un  montón de trigo, pechos como racimos de vid y ombligo  encantador cáliz redondo, donde nunca falta el vino embriagador”.

El segundo versículo de ese maravilloso libro hace alusiones al Kama Sutra y a Las mil y una noches, cuyas implicaciones desprenden un delicado hálito sensual. Salomón le dice a la Sulamita, “a tu ombligo mujer amada nunca le falta el licor,  miel y leche, preparado con mosto de granadas hay debajo de tu lengua, ese licor y tu leche he bebido”.  Este es el vino que metafóricamente llenaba el ombligo de la hermosa mujer, según San Juan de la Cruz el jugo de granada tiene la suavidad del gozo del alma inflamada de amor que el rey sabio sentía al escribir esos versos.

 La Venus de Milo, luce precioso ombligo, como tersa concha marina. El Greco esculpió a Epimeteo y Pandora, magistrales figuras con hoyuelos umbilicales anchos y perfectamente redondos, pintados de negro, lo que resalta sobre la blancura de los cuerpos atrayendo, de inmediato, la mirada hacia el eurítmico sitio, simétricamente situado entre pecho y sexo.

Onfalia, “la del hermoso ombligo”, diosa de la voluptuosidad, personificación del ombligo en la mitología griega.  El ombligo es místico y sensual, casto y carnal, atributo asexuado de la generación. El mito de la divina pareja lunar-solar y el de Afrodita nos aclaran un hecho por obvio no menos revelador: la bisexualidad del ombligo.

Obras pictóricas de singular belleza han mostrado el ombligo de la mujer, Hércules e Iole de Annibale Carracci, Hércules y Omphalia de Francoise Boucher, el nacimiento de Venus de Sandro Boticelli y numerosas más.

Por ser andrógino, se funden en él los dos sexos y vuelven a adquirir en el centro del cuerpo su platónica unidad originaria, es el sello que marca nuestro nacimiento, igual en los varones que en las hembras, es el estigma de nuestra vida prenatal, por ahí nos llegó nuestro alimento antes de nacer. Es la puerta del misterio de nuestro nacimiento que se cierra cuando llegamos al mundo. Después del nacimiento el ombligo es una cicatriz con una carga de sensualidad irreverente, pero solo en la mujer la más bella creación del universo.

Durante toda nuestra existencia exhibimos la cicatriz de la herida que sufrimos, cuando la luz nos arrancó para siempre de la quietud del claustro materno: pero también gozamos de la luz, y vemos en el ombligo el símbolo de la alegría de haber nacido. Así parece explicarse la vaga sonrisa que suscita, sólo al pronunciar la palabra ombligo.

El ombligo cambia de esencia, de carácter, cuando pertenece al bello sexo, es parte del atractivo del cuerpo femenino, imprescindible ornamento del vientre. Así como las areolas masculinas y el ombligo, son neutras, meras decoraciones del pecho y abdomen. La mítica ambivalencia del ombligo converge en el ámbito puramente femenino, es un llamado erótico mas que sutil.

Hubo un enemigo del ombligo, un censor del cine norteamericano en 1922, William H. Hays, a quien su aversión por esa inocente cicatriz lo hizo prohibir que se viese el ombligo a ningún actor o actriz en cualquier película. En España, Francisco Franco prohibió que en periódicos y revistas se les viese el ombligo a las mujeres bañistas en las fotografías, orden derogada en cuanto murió el dictador.

Hay bocadillos exquisitos que se denominan “ombligo de mujer”, conocidos tanto en Turquía como en Bolonia, donde son codiciados por su delicioso sabor y en este último lugar también se les llama Tortellinis. Es más, en romañolo, dialecto  italiano, tortellin es ombligo. Además del rico gusto, el boloñés disfruta al comerlos, por ingerir eróticos símbolos, que constituyen una comunicación visual, gustativa e imaginativa, se comen el ombligo de Venus.  Dice la leyenda que cuando esta diosa pasó por Bolonia, permitió que sus habitantes tomaran la medida exacta de su ombligo, para hacer los tortellinis…

Los ombligos se clasifican en formas hermosas. Vea usted: “Ombligo de Venus”, redondo y hondo. Ombligo “en botón”, Ombligo de Nefertiti, que se aprecia en la escultura con más de 1300 años A. C. presente en las imágenes del Altes museum de Berlin,  Ombligo “ojo de gato” (vertical,  preferido del hombre soñador).  Ombligo en “grano de café” (como el de Raquel Welch), Ombligo en “párpado entre cerrado” y muchos más.

Los hawaianos convencidos de que la belleza del ombligo se relaciona con la buena salud, dicen en su  saludo tradicional;  “¡Pehea ka piko”, significa; ¿Cómo esta su ombligo?”

 Es sabido que el ombligo es como la huella digital, no hay en el universo dos iguales.

Max Aub escribió lo siguiente en su libro Yo vivo, “la blanca superficie del vientre femenino es un paraje lunar con una enroscada cueva en el centro, que es el ombligo”.

He aquí un fragmento deliciosos del poema “El ombligo”, de Bonaventura des- Périers (Frances, 1519-1545), escritor y humanista del renacimiento, “el ombligo pequeño, escondrijo retraído y ámbito de soberana voluptuosidad donde se agita el temperamento, en cosquilleo gozoso”.

En este mundo actual, hay mucha gente que jamás se ha detenido en ver la belleza del ombligo de mujer, discreta cicatriz con profundas implicaciones cósmicas, antropológicas, literarias, esotéricas, psíquicas y sensuales.

hsilva_mendoza@hotmail.com

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