La amistad y el amor son desprendimientos del alma, permiten ofrendar sentimientos del ser humano que los  inspira y anima a ser correspondido. Un querido amigo mío, desde los albores de la juventud, en trato cotidiano y expectativas de la vida, tiene una profesión, ejercida y disfrutada con intensidad, su vida  transcurre la séptima década de recorrer la senda tortuosa de la vida.

Llamaré Daniel a mi amigo, evocando al personaje de la  novela “Historia de un soñador” de Sergio Bambarén, que disfruté hace muchos años, “Daniel, un Delfín en busca de libertad en las profundidades del mar, dejando atrás la tranquilidad de su manada y el tedio en su isla, buscando el verdadero propósito de su existencia, confiando en la voz de su corazón, para lograr su cometido”.

Daniel ha tenido una vida con muchos cambios imprevistos y otros planeados, llevándolo a una serie de emociones, inquietudes y dubitaciones, diseñando su bagaje de recuerdos, pero con frecuencia me decía  que vivía en espera de la próxima emoción.

Su vida familiar larga y siempre  tranquila, su esposa mujer equilibrada, profesionista de alta especialidad, pero en su vida en común prevalecía un alejamiento sensorial y amoroso, mas los mantenía cerca la rutina de una vida sin sobresaltos, comidas periódicas con sus hijos y visitas a amistades, platicar, tomar una copa y regresar a la rutina del saludo con un beso en la mejilla y… cada quien a su trabajo o en casa a descansar en su rincón favorito.

Tienen varios hijos jóvenes adultos, independientes y autosuficientes. La vida le había correspondido dándole una existencia familiar tranquila, sin más sobresaltos que los del diario devenir, la pareja dejaba llegar e irse el tiempo sin encontrar algo que debiesen retener con emoción, viviendo su rutina sin contratiempo alguno. Daniel con frecuencia me manifestaba su muy interna y oculta sensación de soledad, en la rutina de su casa.

La próxima emoción llegó a  Daniel  cuando menos lo esperaba.  En su empresa personal inició un proyecto atractivo, no conocido del todo para él, gracias a su afición por la temática del proyecto. Buscó asesoría y consejo profesional en donde vio la posibilidad de obtenerlo. Sorpresivamente encontró, cerca de él, a una chica licenciada, maestra, candidata a doctorado y experta en el tema  de interés para  mi amigo que empezó a trabajar con él durante muchas horas al día, logrando juntos consolidar el proyecto acariciado.

Un día, hace varios años, Daniel me dijo; “¿recuerdas a Aura, personaje de la novela de Carlos Fuentes?, aquella  mujer misteriosa, de ojos verdes, blanca como nácar, de dimensión temporal distinta, que tuvo un romance con Felipe?, pues hoy más que nunca me gusta Aura,  es una ensoñación del escritor, pero para mí es una iluminación cegadora del  exterior, que me hace ver dentro de mí”.

Me platicó, “un tardecer percibí el encanto de una mujer que se acercaba a mí por el pasillo, su figura espigada encendía la obscuridad despidiendo un halo ambarino a su alrededor, en la penumbra vespertina de un día de principios de mayo”.

La juvenil gracia y agilidad de cada movimiento de esa mujer lo cautivó. Entonces Daniel vivió para ella, siempre me decía, solo le faltan los ojos verdes de la Aura de Fuentes, pero con los de color ámbar que tiene, es más bella, real y cercana.

Daniel vivió una ensoñación deleitosa con amor por “su Aura” la real, matizado por sentimientos de culpa que inconscientemente alejaba de sí. Él recibió la máxima manifestación  del alma de una mujer;  lo estimó  como un ser digno de ser amado y admirado, ella así lo sentía porque conocía  los esfuerzos académicos de Daniel y la pasión consumida en su intento. Esto la acercó al alma del solitario de corazón abierto, para entregarle la próxima emoción,  que Daniel siempre esperaba.

Hoy, Daniel  frisa en los setenta años, ella debe transitar en los cincuenta.  No sé lo sucedido  después de la última vez que los vi juntos, hace varios años. Hace algunos días platiqué con él en un casual encuentro, obviamente quise saber de Aura. Daniel me contestó; “Toda una vida puede parecerte el logro de  lo que has esperado, en el entorno familiar tranquilo, en el profesional triunfos cotidianos satisfactorios. Cuando encuentras un ser casi inmaterial,  que te abre los ojos hacia una sensación de ternura, amor, llena de detalles espontáneos, irradiando una fuerza atrayente de tus pensamientos a toda hora, modula tu humor, equilibra tus desatinos y emancipa tu razón, entonces puedes vivir el resto de tus años, recordando ese bien vivido, aunque ahora esté lejano. Es decir abrevando vigor de la nostalgia; eternizando el amor por el bien perdido”.

No pregunté más, Daniel tiene en su corazón solo el recuerdo constante de un ser que lo mantenía vivo, probablemente mas intangible que nunca porque el tiempo, el sabio, no falla al ubicar a cada ser en su lugar, cada amor en su dimensión… cada recuerdo en algún sitio de nuestro corazón donde quedará para siempre la  añoranza de una dicha, si no perdida, sí inalcanzable. La vida del ser humano tiene matices que el destino le depara, nuestra voluntad los acerca, pero la rutina nos separa.

Al conocer y escribir esta fase de la vida de Daniel he observado con discreción respetuosa la vida de pareja en numerosos matrimonios de amigos que estimo, inicialmente fue sorpresa pero hoy más de veinte años después estoy convencido que cuando el amor se acaba, la rutina y el tedio llegan, la monotonía se convierte en confortable tranquilidad y es cuestión de los dos permitir o no que los envuelva, porque entonces en cualquier momento pueden despertar a una nueva ilusión, con la llegada de  un “Aura”,  representada por alguien que aparece en el camino.

Hoy tres de mayo se cumplen quince años de la última vez que platiqué con Daniel durante un encuentro ocasional, aquel día pregunté por su esposa, su respuesta fue tranquila y lacónica, “pues ahí está, bien, como siempre”.

Hoy, me gustaría saber qué ha sucedido con Aura y Daniel,  sin duda ella hoy tiene la belleza de la madurez y Daniel sigue viviendo su rutina y tedio que su indecisión le ha brindado.

Sugiero, lean los siguientes libros, le transmito los datos de ejemplares que poseo, pero los tres han sido publicados, actualmente, por varias casas editoriales, “Aura”, de Carlos Fuentes, Ed. Era SA. CV, México. 1962 , “Historia de un soñador de Sergio Bamberén, Ed. Granica, Barcelona, 2004.   Juan Salvador Gaviota, de Richard Bach. Ed. J. Vergara, 2000, le gustarán y quizá siembren en ustedes alguna inquietud. Hasta pronto.

 hsilva_mendoza@hotmail.com

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