En los últimos artículos hemos estado hablando de una actitud de servicio, de la generosidad, de la ayuda a los demás, pero a partir de éste, empezaremos una serie de reflexiones dedicadas a nuestra persona, iniciando con el fortalecimiento del amor propio, partiendo de la premisa de que para amar a los demás, primero debes amarte a ti mismo, porque no se puede dar lo que no se tiene.

La relación más importante que tienes después de tu relación con Dios, es la que tienes contigo mismo. A muchas personas no les gusta lo que son, se centran en sus defectos, debilidades, carencias, se enfocan en sus errores y fracasos; muchos quisieran ser diferentes, empezando por el aspecto físico: no me gusta mi cabello, mis ojos, mi nariz, mi boca, me gustaría ser más alto, porque no estoy más delgado, si pudiera ser diferente quizás tendría una mejor personalidad, tendría más suerte en el amor, sería asediado, amado, envidiado por los demás.

Constantemente se sienten menos que el resto de la gente, se comparan todo el tiempo, se mantienen con baja autoestima porque simplemente nos les agrada como son, en lugar de aceptarse como la creación perfecta de Dios que ya son, y se preguntan ¿por qué no tengo buenas relaciones? ¿por qué no puedo tener vínculos duraderos, sinceros, afectuosos, amorosos? la respuesta es, porque no se agradan a sí mismos, y si no te llevas bien contigo mismo, como vas a lograrlo con otras personas.

Jesús dijo en el libro de Mateo 19:19: “…Ama a tu prójimo como a ti mismo.” No puedes amar a los demás sino te amas a ti mismo; lo mejor que puedes hacer por tu familia, tus seres queridos, tus amigos, vecinos, etc., es ser bueno contigo, ser amable contigo, ser misericordioso contigo. Si eres bueno con tus familiares, con tus amigos, ¿por qué no lo eres contigo? No criticas a tus amigos, pero te criticas a ti mismo; elogiaste a tu colaborador porque hizo bien las cosas, pero cuando fue la última vez que te elogiaste tú; admiras el talento de otros, entonces porque no admiras el tuyo.

No estoy queriendo decir que seas egoísta, arrogante, vanidoso o presumido, estoy diciendo que te ames a ti mismo, que sean bondadoso contigo mismo; que no te trates como tu enemigo, derrotándote a ti mismo, menospreciando tus talentos, limitando tus sueños, saboteando tus relaciones, y todo porque no te gustas, porque piensas: debí esforzarme más en el trabajo, debí terminar mi carrera, debí cuidar más a mi pareja, debí dedicar más tiempo a mis hijos, a mis padres; deja de torturarte con esos pensamientos negativos y cámbialos por pensamientos positivos hacia ti mismo, ámate a ti mismo.

No te enganches con tus fracasos, tus errores, en cuanto más lo hagas, menos potencial tendrás para lograr tus sueños; por el contrario, si piensas mejor de ti mismo, si te amas, llegarás más lejos, avanzarás más rápido, alcanzarás tus metas y con ello, cumplirás los propósitos que Dios tiene para ti, para tu vida. Deja de luchar con el enemigo número uno que eres tú mismo. Siempre habrá alguien que dude de ti, sólo asegúrate que esa persona no seas tú.

Ámate a ti mismo y podrás amar con mayor intensidad a los demás, no puedes dar lo que no tienes; en cuanto mejor te trates, mejor tratarás a los demás; entre más te procures, estarás más pendiente de tu familia; si eres generoso contigo, lo serás con tus amigos; lo mejor que puedes hacer es amarte a ti mismo y podrás hacerlo con los demás. Empieza por ti, todos los días, antes de salir de casa, párate frente al espejo y hazte un cumplido: eres una gran persona, tienes mucho talento, muchas virtudes y la bendición del Dios Altísimo, que te hizo único, especial, perfecto y a su imagen. Ámate a ti mismo.

 

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