Por Mauricio Lascurain Fernández
26 de mayo 2026, Xalapa, Ver.- La revisión del T-MEC en 2026 no es un trámite más. Es un momento clave que puede definir el rumbo económico de México en los próximos años. Más que un asunto técnico, se trata de una negociación con implicaciones políticas y estratégicas en un contexto internacional cada vez más competitivo.
Hoy el mundo vive una etapa en la que la economía y la política están profundamente conectadas. Estados Unidos, bajo una lógica de proteger su industria, busca reorganizar sus cadenas de suministro para depender menos de países como China. En ese escenario, América del Norte se vuelve una región prioritaria, y el T-MEC es la herramienta principal para fortalecerla.
México llega a esta revisión con avances importantes, pero también con desafíos. Por un lado, sectores como el automotriz y el manufacturero han logrado una fuerte integración con Estados Unidos y Canadá, lo que ha impulsado exportaciones y empleos. Por otro, existen tensiones en temas como energía, reglas laborales y comercio, que han generado desacuerdos entre los socios.
Además, la negociación no depende solo de gobiernos. Empresas, sindicatos y organizaciones influyen cada vez más en las decisiones. Un ejemplo claro es el mecanismo laboral del tratado, que permite sancionar a empresas si no cumplen con ciertas condiciones. Esto ha elevado la presión sobre México, pero también abre la oportunidad de mejorar las condiciones de trabajo y hacerlas una ventaja competitiva.
En cuanto a los temas centrales, destacan las reglas de origen en la industria automotriz, que determinan qué tanto de un producto debe fabricarse en la región. Estados Unidos quiere reglas más estrictas, mientras que México busca mantener condiciones que le permitan seguir siendo competitivo. A esto se suman debates sobre energía, medio ambiente y nuevas tecnologías.
Lo que está en juego es mucho. Si el tratado se fortalece, México puede consolidarse como un destino atractivo para la inversión, especialmente con el fenómeno del nearshoring. Sin embargo, si las negociaciones se complican, podrían surgir mayores restricciones o incluso escenarios de incertidumbre que afecten el crecimiento económico.
Por ello, el principal reto para México es negociar con inteligencia. Esto implica coordinarse con Canadá, involucrar al sector privado y avanzar en el cumplimiento de compromisos internos antes de sentarse a negociar. No se trata solo de reaccionar, sino de anticiparse.
La revisión del T-MEC definirá más que reglas comerciales. Definirá el papel de México en la economía global y su capacidad para aprovechar una oportunidad histórica.
