“He llegado por fin a ser lo que quería ser cuando fuera viejo; un niño”.  Mario Benedetti

“Cuando los que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen pierden el respeto”.

 Georg Christoph Lichtenberg

La gente joven adopta actitud crítica ante las personas de la tercera edad que “incursiona” en eventos considerados propios de jóvenes. Este fenómeno social se  ha denominado “edadismo” y es la segregación por edad, otra forma de intolerancia discriminadora, como racismo y sexismo (Butler RN. The Gerontologist, 1969).

Tónico para el espíritu y la voluntad del ser humano joven o viejo, es el ensayo del poeta Samuel Ullman (1840-1924), denominado “Juventud” y me permito transcribir parcialmente, con algunas modificaciones de traducción, porque  le hará bien y le levantará el ánimo, cualquier edad que tenga:

“La juventud, más que una edad, es un estado mental, no es  tener mejillas sonrosadas, labios rojos y piernas ágiles, es cuestión de voluntad, implica una cualidad de la imaginación, vigor de las emociones, la frescura de las profundas fuentes de la vida”.

“Ser joven es conservar, después de los  sesenta, un corazón valiente y la capacidad de sorprenderse ante el maravilloso éxtasis de contemplar las estrellas, porque cuando las fibras de su corazón estén rotas y su fondo cubierto por las nieves del pesimismo o heladas por el conformismo, entonces, usted será un  viejo”.

Juventud es el predominio temperamental, el arrojo sobre la pusilanimidad y los temores, del ímpetu aventurero sobre el apego a la comodidad. Esta actitud a menudo se encuentra más en un hombre de 60 que en un muchacho de 20 años. Nadie envejece solamente por el número de años cumplidos, envejecemos cuando desertamos de nuestros ideales, los años arrugan la piel, pero cuando se renuncia al entusiasmo salen arrugas en el alma. Las preocupaciones, el temor, la falta de confianza en sí mismos, encogen el corazón y aniquilan el espíritu.

Un bello fragmento  del poema de Alberto Ángel Pedro, basado en el ensayo de Ullman:

“Juventud, más que una etapa, es emoción, no arruga su textura como al leño, se es un joven si se vive con pasión y alegría, pero viejo sí dejamos nuestros sueños. Mientras no permitas te roben tus anhelos, que tal vez ya son añejos, en tu mente ha de vivir un joven ser aunque el tiempo que has vivido, te haga viejo”.

Comulgue con este concepto de vejez porque ponerlo en práctica sólo dependerá de qué se proponga a adoptar hoy mismo esa actitud ante la vida y, entonces, la vejez será sólo cuestión de que usted la acepte.

Cuando le pregunten cuántos años tiene, responda como lo hizo Galileo Galilei, cuando tenía 72 años y le preguntaron, “Maestro, ¿cuántos años tiene?”,  “creo que seis o siete”. Ante el asombro del interlocutor, Galileo agregó “los años que he vivido ya no los tengo, hoy solo tengo los que me quedan por vivir  intensamente”.

Le hará meditar este pensamiento del físico alemán Georg Christoph Lichtenberg (1742-1799)  “Nada nos hace envejecer con más rapidez, que pensar insistentemente que estamos envejeciendo”. No lo hagan, jóvenes amigos.

Los distinguidos personajes mencionados en este trabajo, cuyas imágenes distinguen estas páginas, han sido geniales en su producción académica hasta edades que muchas personas consideran el final de la creatividad del pensamiento. Hasta pronto.

hsilva_mendoza@hotmail.com

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