Porque son muy inteligentes, seguramente, ya fríos, ayer domingo hicieron un balance de cómo les fue con su acto de protesta frente a la sede de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) el sábado.

Previamente, a media semana, el gobernador Cuitláhuac García Jiménez asistió a una reunión en el Palacio Nacional convocado, dijo, por el presidente junto con otros gobernadores para tratar sobre el tema migratorio. Puede que le haya informado a López Obrador lo que iba a hacer y haya recibido el Vo. Bo.

El viaje lo aprovechó para interponer una denuncia ante la Fiscalía General de la República contra dos jueces federales asentados en Veracruz y arremeter contra el Consejo de la Judicatura Federal y la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

En su mensaje en la “Concentración por la Defensa de la Soberanía del Pueblo y Contra la Corrupción que invade a la SCJN” en la capital del país no dijo nada que no hubiera dicho antes, aunque ahora sí mencionó por sus nombres a los ministros de la SCJN que han echado abajo decretos, leyes o reformas de Andrés Manuel López Obrador.

De entrada, cabe preguntar: ¿y a Veracruz qué? El domingo el estado amaneció igual, con sus mismos problemas, con sus mismas carencias, y de la capital del país no se nos trajo alguna buena noticia de que el gobierno federal hubiera ofrecido, a cambio, algún apoyo extra para algún remedio o por lo menos como un paliativo.

Creo que hay que diferenciar muy bien entre el gobierno  y el pueblo. De alguna manera se puede decir que en la protesta sí estuvo todo el gobierno de Veracruz, pues asistieron los titulares de los poderes Ejecutivo y Legislativo y si bien no estuvo la del Poder Judicial, envió como su representante a la Directora General de Administración.

En algún espacio leí que se manejó que a la concentración asistieron 10 mil personas (siempre se inflan las cifras). Las fotos que manejaron dan muestra de que, en efecto, había varios miles; pudieron haber sido tres, cinco, siete mil. Pero, ¡epa!, en la invitación que estuvo haciendo don Cuitláhuac, para que asistiera, fue “al pueblo de México”.

¿Solo 10 mil personas, acaso todos veracruzanos, o se sumaron los chilangos que han estado protestando frente a la sede de la Suprema Corte? ¿Cuántos de esa cifra fueron realmente convencidos y cuántos fueron como acarreados, trabajadores del gobierno a los que amenazaron de que si no asistían los iban a cesar en su trabajo? ¿Cuánto se gastaron en el acarreo, con recursos, esos sí, del pueblo?

Concediendo que en efecto fueron 10 mil veracruzanos convencidos los asistentes, la cifra es ridícula frente a los más de 8 millones de habitantes del estado y a los más de 126 millones de habitantes del país. El gobernador no se midió al convocar “al pueblo de México”. Contrastando las cifras se puede afirmar que lo dejaron solo.

Previamente, el dirigente nacional de su partido, Mario Delgado, desautorizó que la convocatoria fuera a nombre de Morena. ¿Cuántos gobernadores guindas del país secundaron al veracruzano? ¿Cuántos senadores, diputados federales y locales de otros estados los acompañaron? ¿Cuántos funcionarios del gobierno federal hicieron acto de presencia? ¿Por qué no fue su candidata a la presidencia y jefa de gobierno de la Ciudad de México o siquiera le envió a un representante? ¿Por qué no asistió su candidata a la gubernatura Rocío Nahle? ¿Por qué no lo acuerparon sus aliados del PVEM y del PT? Le hicieron un espantoso vacío.

Si lo que pretendían era hacerse notar ante el presidente, seguramente lo lograron pero les falló el tiro. López Obrador ha de haber quedado decepcionado del pobre poder de convocatoria del gobernador de uno de los estados más grandes e importantes del país, cuando apenas pudo juntar 10 mil personas, concediendo que ese número fue. El tabasqueño debió haber quedado preocupado al ver que esa es la fuerza real del cuitlahuismo con la que van a enfrentar las elecciones el próximo año en Veracruz.

O si pretendían llamar la atención e impresionar a Claudia Sheinbaum para que, de resultar candidata, nombrara a Cuitláhuac como su jefe o coordinador de campaña, después de lo que vio no ha de querer saber nada de él. Si lo que querían era asegurar un hueso de elección popular en 2024, la mujer ya vio la fuerza y popularidad que tienen entre la población.

Ya fueron, pues. Ya se manifestaron. ¿Y?

En su mensaje el gobernador dijo algo que me llamó la atención: “Aquí estamos para decirles a esos 8 ministros, primero se van a ir ustedes”. No precisó antes de quiénes. Se le olvidó que a él solo le restan 16 meses, un año y siete meses, al frente del gobierno y a la ministra Norma Lucía Piña Hernández, el verdadero objetivo de su protesta, tres años, pues deberá concluir el 31 de diciembre de 2026.

Se le olvidó también el refrán, muy cierto, de que “En la casa del jabonero, el que no cae, resbala”. ¿Qué le dice que algún día, que puede ser tan pronto como entregue el poder, no puede caer en desgracia política y sufra persecución y vaya a caer en manos de un juez federal, de esos a los que tanto ataca, o de un ministro de la Suprema Corte? ¿Se le olvidó ya que cuando se quiere perjudicar a alguien se le pueden inventar todos los delitos posibles, aunque no sean ciertos, para tenerlo en prisión por capricho o venganza todo el tiempo que sea posible, como está haciendo su gobierno con Rogelio Franco?

Sin duda, se siente protegido por el presidente, pero también se le olvida que ya solo le quedan 13 meses en el poder, mucho del cual va a perder cuando haya candidato a la presidencia de su partido en agosto, septiembre o noviembre próximo. Si la candidata de su partido resulta ser la señora Sheinbaum, miel sobre hojuelas, o quién sabe porque luego los hombres o mujeres en el poder pero con más poder, cambian. Si el elegido es Adán Augusto López, el más probable después de Claudia por su cercanía con AMLO, o Marcelo Ebrard, entonces se le nublará totalmente el panorama.

El poder no es como se piensa, o como se quiere, o como se vislumbra, o como se espera. Es como se van presentando las circunstancias. En política lo único seguro es que no hay nada seguro. La política, ya se ha dicho mucho sobre el paralelismo, es como la Rueda de la Fortuna: un día se está arriba, otro, abajo, y así. En política, los hechos lo han demostrado y se sabe por experiencia, no hay enemigo pequeño.

Todo lo anterior lo saben quienes tienen la vivencia, la experiencia. Los actuales llegaron por casualidad, sin estar preparados, sin experiencia alguna, solo gracias al llamado efecto López Obrador, cuando no lo esperaban. Por lo mismo no tienen ni la menor idea de lo que les puede esperar o ya les está esperando.

Pero, como dice el dicho, nadie escarmienta en cabeza ajena. Las imágenes de la protesta del sábado, de los féretros, de la cruz, esa incitación a la violencia en general y a la violencia de género, en un país caracterizado por la violencia, contra los ministros de la Suprema Corte hasta desearles la muerte, simbolizándolos en un ataúd, los va a perseguir para siempre. Les va a pesar, política e históricamente.

Viene una contramarcha nacional, para el próximo domingo

En la columna “Bajo Reserva Express” del diario El Universal se publicó ayer al medio día que como respuesta a la protesta del grupo veracruzano frente a la Suprema Corte, organizaciones de la sociedad civil y ciudadanos van a salir en defensa del máximo tribunal el próximo domingo.

“Con el hashtag #LaCorteNoSeToca, se está convocando a una marcha nacional del Monumento a la Revolución al Zócalo, esto luego de las agresiones verbales que han recibido la ministra presidenta Norma Lucía Piña Hernández y siete ministros que han invalidado algunas de las leyes propuestas por el Ejecutivo, como sucedió ayer en la manifestación encabezada por el gobernador de Veracruz, Cuitláhuac García.

Habrá que ver si, de realizarse, esta marcha en defensa de la Suprema Corte logra tener una convocatoria masiva como la que se dio en defensa del INE”.

Querían despertar al México bronco, del que hablaba Reyes Heroles, pues ahí está.

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