Por Benjamín Pazos Rincón

Coatepec, Ver.- El pasado 26 de mayo se presentó el Informe de movilidad social y cuidados del Centro de Estudios Espinosa Yglesias 2026 (CEEY), que analiza cómo la distribución de las tareas de asistencia en el hogar condiciona el éxito económico y educativo en México. El documento muestra que las responsabilidades de cuidado recaen desproporcionadamente en mujeres, lo que limita su capacidad de acceder al mercado laboral y de lograr una movilidad ascendente. Los datos indican que el nacimiento en contextos con carencia de servicios de apoyo agrava la pobreza, pues las personas cuidadoras enfrentan mayores barreras que quienes no realizan estos trabajos. La investigación propone la creación de un Sistema Nacional de Cuidados para romper el ciclo de desigualdad y fomentar la igualdad de oportunidades. Finalmente, el informe destaca que la infraestructura pública de cuidados es un motor esencial para mejorar el bienestar emocional y profesional de la población.

Figura 1.

¿Qué es el Sistema Nacional de Cuidados?

El Sistema Nacional de Cuidados se concibe como un conjunto articulado de políticas, programas y acciones orientadas a garantizar el derecho a cuidar, a ser cuidado y al autocuidado, bajo un enfoque de derechos humanos. Sus pilares y características fundamentales incluyen:

  • Su objetivo principal es transformar la organización actual del cuidado para que esta responsabilidad no recaiga exclusivamente en los hogares (y de forma desproporcionada sobre las mujeres y niñas). Busca distribuir estas tareas de manera equitativa y corresponsable entre los cuatro actores del “diamante del cuidado”: el Estado, el mercado, la comunidad y los hogares, promoviendo una igualdad efectiva entre hombres y mujeres.
  • Al tener los cuidados un impacto multidimensional en la vida de las personas, el sistema requiere integrarse e invertir en él a través de prácticamente todos los sectores públicos y económicos: salud, educación, desarrollo social, trabajo y los ámbitos económico, financiero y hacendario. Esto incluye hacer efectivo y universal el acceso a servicios para poblaciones prioritarias como la primera infancia, niños, niñas y adolescentes, personas con discapacidad o neurodivergencia, personas con enfermedades temporales o crónicas, y personas adultas mayores.
  • El sistema no solo busca el bienestar inmediato de quienes reciben la atención, permitiéndoles invertir en su propia educación, cuidar de su salud física y mental, disfrutar de tiempo de descanso y participar activamente en el mercado laboral remunerado. Esto rompe el ciclo intergeneracional de desigualdad y permite que el origen social deje de determinar el destino de las personas.

En resumen, se trata de un esquema de protección social indispensable para transitar hacia una “sociedad del cuidado”, donde el sostenimiento de la vida se asuma como una responsabilidad colectiva y un derecho universal interdependiente con el derecho al tiempo propio.

¿Qué barreras enfrentan las mujeres cuidadoras para ascender socioeconómicamente?

 

Las mujeres cuidadoras enfrentan múltiples barreras estructurales, de género y económicas que limitan severamente sus posibilidades de ascenso socioeconómico y movilidad social:

  • Roles de género heredados y perpetuación del cuidado: la organización social del cuidado recae de manera desproporcionada y no remunerada sobre las mujeres y las niñas. Estos roles se transmiten entre generaciones como un asunto de género: el 37% de las mujeres cuyas madres realizaban trabajo no remunerado de cuidados directos (TNRCD) asumen actualmente esta misma responsabilidad, a diferencia de los hombres, donde apenas el 0,4% repite este patrón. Asimismo, existe una alta persistencia en el rol de cuidados: el 40 % de las personas que cuidaban a los 14 años en su hogar de origen continúan realizando tareas de cuidado en su hogar actual.
  • Pérdida de oportunidades educativas: la carga de cuidados limita enormemente la movilidad educativa de las mujeres. Las personas cuidadoras cuyos padres solo alcanzan estudios de primaria o menos muestran una alta permanencia en ese mismo nivel educativo (42 %), y apenas un 7 % logra acceder a la educación profesional (en contraste con tasas de permanencia menores y mayor logro profesional en personas no cuidadoras).
  • La dedicación excesiva a las tareas de cuidado reduce el tiempo disponible para otras actividades cruciales. El costo de oportunidad en tiempo para las mujeres y niñas implica el abandono de los estudios, del empleo, el sacrificio de su vida social e incluso el descuido de su salud física. Para las mujeres, en comparación con los hombres, su pérdida de tiempo libre es hasta 6 veces superior.
  • La probabilidad de acceder a un empleo remunerado, sin importar el tipo de cuidados que se brinden. Quienes asumen el rol de cuidadoras directas no remuneradas (TNRCD) quedan atrapadas en un estrato que se ubica en la base de la clasificación ocupacional, en la cual se carece de ingresos, prestaciones o posibilidades de ascenso social. Aquellas que logran insertarse en el mercado laboral remunerado lo hacen en ocupaciones manuales de baja calificación (19%) o en el comercio (25%), experimentando una movilidad ocupacional ascendente de apenas el 34 %(frente al 63 % de quienes no asumieron estas responsabilidades de cuidado).
  • El hecho de ser mujer tiene un peso hasta 10 veces mayor en la desigualdad de oportunidades de las personas cuidadoras en comparación con las personas que no asumen cuidados. De hecho, para quienes cuidan, la desigualdad de oportunidades explica el 52 % de la desigualdad en sus ingresos (frente al 37 % entre personas no cuidadoras). Esto confirma que las tareas de cuidado amplifican y distribuyen las desventajas de origen y de género.
  • El desgaste físico y la sobrecarga emocional deterioran significativamente el bienestar de las cuidadoras, afectando sus capacidades y disminuyendo su esperanza de vida, y perciben que todo representa un gran esfuerzo (24 puntos porcentuales).

Figura 2.

¿Qué recomendaciones se desarrollan para aumentar la movilidad social?

Para impulsar la movilidad social, el informe desarrolla una serie de recomendaciones estratégicas dirigidas a la reorganización social del cuidado y la transformación de las políticas públicas:

  • Se recomienda avanzar en la creación de un Sistema Nacional de Cuidados (y sus respectivos sistemas estatales) que articule políticas, programas y acciones bajo un enfoque de derechos humanos. Este sistema debe garantizar el derecho a cuidar, a ser cuidado y al autocuidado, promoviendo la corresponsabilidad entre los cuatro actores clave: el Estado, el mercado, la comunidad y los hogares.
  • Debido a que el cuidado tiene múltiples efectos en los logros de vida, el informe señala que las medidas no pueden limitarse a un solo sector. Se requiere integrar el Sistema de Cuidados e invertir en él de manera transversal a través de los sectores: salud, educación, desarrollo social y trabajo.
  • Es indispensable integrar la dimensión de los cuidados en el análisis de los problemas sociales para poder definir el diseño de programas y políticas públicas efectivas.
  • Se propone implementar programas de formación orientados a que el gobierno, las comunidades, las empresas y los hogares comprendan el costo social y económico de la transmisión intergeneracional de los roles de género y las responsabilidades de cuidado.
  • Dado que los recursos son limitados, se recomienda dirigir de forma prioritaria los esfuerzos de provisión de servicios, apoyos y medidas de corresponsabilidad hacia los sectores de la población donde las necesidades de cuidado son más apremiantes y los recursos económicos son más escasos.
  • Se debe garantizar el acceso universal y de calidad a servicios de cuidado para poblaciones específicas: niños, niñas y adolescentes, personas con discapacidad, personas con neurodiversidad, enfermos temporales o crónicos, y adultos mayores.
  • Es necesario implementar medidas específicas en el ámbito laboral y educativo para reducir la desigualdad de oportunidades que enfrentan las personas cuidadoras, para que puedan continuar con sus estudios, atender su propia salud física y mental, y disfrutar de tiempo libre.

¿Cómo influye la infraestructura en la movilidad social?

La disponibilidad de infraestructura y servicios de cuidado en el entorno local tiene un impacto directo y determinante en las posibilidades de movilidad social de las personas, especialmente para aquellas que provienen de los sectores con menores recursos. De acuerdo con la evidencia del informe, la infraestructura influye a través de los siguientes aspectos fundamentales:

figura 3.

¿Qué impacto tiene la desaparición de las Estancias Infantiles en la movilidad social?

La desaparición o ausencia de estancias infantiles y servicios de cuidado infantil tiene consecuencias críticas para la movilidad social, pues bloquea las oportunidades de ascenso para los hogares de menores recursos y profundiza la brecha de género:

  • Aumento de la persistencia en la pobreza (trampa de inmovilidad): cuando una localidad carece de servicios de cuidado infantil, la inmovilidad social se dispara de forma alarmante. El 79 % de las personas nacidas en los hogares con menos recursos (grupos 1 y 2) permanecen atrapadas en la base de la distribución socioeconómica durante su vida adulta. En contraste, en localidades que sí cuentan con estos servicios, la persistencia disminuye al 59 %. Esto significa que la ausencia de esta infraestructura condena a un 20% más.
  • Reducción drástica de la movilidad de largo alcance: la probabilidad de que una persona nacida en el estrato más bajo logre llegar a la cúspide socioeconómica (grupo 5) se reduce a menos de la mitad. En comunidades sin servicios de cuidados, esta probabilidad es de apenas el 2%, mientras que en entornos con infraestructura es del 5% (es decir, 2,5 veces mayor cuando existen servicios disponibles).
  • Pérdida de un motor de salida de la pobreza: la presencia específica de estancias infantiles incrementa por sí sola en un 41 % la probabilidad de que una persona cuidadora logre salir del grupo con menos recursos económicos. Retirar o desaparecer este servicio anula directamente este impacto positivo en el ingreso de las familias.
  • Exclusión laboral de las mujeres: facilitar el acceso a servicios como las estancias infantiles y la educación inicial contribuye de manera directa a que las mujeres puedan participar en el mercado de trabajo remunerado y reducir las limitaciones de tiempo en su oferta laboral. Al desaparecer las estancias, el cuidado directo no remunerado vuelve a recaer plenamente en las mujeres dentro del hogar.
  • Abandono educativo y pobreza de tiempo: la falta de alternativas de cuidado infantil obliga a las mujeres y niñas del hogar a asumir estas responsabilidades, lo que fuerza a abandonar la escuela o el trabajo formal. Esto incrementa su costo de oportunidad en tiempo, el cual ya se estima entre 3 y 4 veces mayor que para los hombres, y reduce su tiempo libre hasta 6 veces más en comparación con ellos.
  • La desaparición de esta infraestructura no solo limita el bienestar inmediato de la generación actual de cuidadoras, sino que consolida la transmisión intergeneracional de la pobreza al afectar la acumulación de capital humano, el desarrollo de capacidades de las primeras infancias y el ingreso disponible de los hogares.

¿Cuáles son las pérdidas financieras a largo plazo que sufren las mujeres por asumir tareas de cuidado ante la falta de apoyo institucional?

De acuerdo con el modelo de costo-beneficio y los análisis financieros presentados en el informe, asumir responsabilidades de cuidado ante la falta de apoyos institucionales genera pérdidas económicas profundas y persistentes para las mujeres, afectando tanto su ingreso inmediato como sus posibilidades de bienestar a largo plazo:

  1. El desvanecimiento del beneficio económico con la edad.
  • Aunque contar con prestaciones o espacios de cuidado infantil se asocia con beneficios económicos iniciales para las personas de entre 25 y 59 años con trabajo remunerado, la situación es diferente para quienes asumen tareas de cuidado directo en el hogar. Para estas personas, se registra un beneficio únicamente entre los 25 y 33 años de edad. Posterior a este rango, dicho beneficio se desvanece por completo como resultado de las pérdidas financieras experimentadas por cuidar de alguien, ya que a largo plazo la carga acumulada de los costos de cuidar supera con creces a los ingresos obtenidos.
  1. Un desmedido costo de oportunidad en tiempo y capacidades.
  • La falta de infraestructura de cuidado obliga a las mujeres a absorber la demanda de trabajo no remunerado de forma interna, sacrificando su desarrollo individual. Este costo de oportunidad (que implica abandonar la escuela o el trabajo y desatender la salud física) se estima entre 3 y 4 veces más para las mujeres que para los hombres, en comparación con los varones, lo que restringe sus opciones laborales y su acumulación de capacidades.
  1. Precarización extrema de ingresos: El estrato TNRCD.

Cuando la falta de alternativas institucionales impide la inserción laboral de las mujeres, estas suelen quedar confinadas en el estrato de Trabajadoras No Remuneradas de Cuidados Directos (TNRCD), que constituye el eslabón más desfavorecido de la estructura social.

  1. Sobreviven con un ingreso mensual per cápita promedio de apenas $3,885 Esto contrasta gravemente con los ingresos de hogares en estratos no manuales de baja calificación (NMBC), donde el ingreso per cápita promedio asciende a $12,230 pesos (más de tres veces mayor).
  2. El 20 % de menores ingresos en el país y solo el 49 % tienen acceso a servicios de salud.
  3. Castigo a la movilidad laboral e intergeneracional.

Para las mujeres que intentan compaginar el cuidado no remunerado con un empleo, la penalización económica es severa:

  1. La tasa de movilidad ocupacional ascendente de quienes realizan tareas de cuidados no remuneradas es de apenas el 34 %, prácticamente la mitad del 63 % que registran las personas libres de estas cargas.
  2. Las madres cuidadoras (TNRCD) heredan exactamente el mismo rol de exclusión laboral. Del 63 % restante que logra ingresar al mercado de trabajo remunerado, la gran mayoría es canalizada hacia ocupaciones manuales de baja calificación (19 %) o al sector del comercio (25 %), caracterizados por ingresos bajos y nulas prestaciones.
  3. Presión financiera directa y endeudamiento familiar.

Cuando el hogar debe asumir el cuidado de personas con discapacidad o adultos mayores sin apoyo del Estado, se generan desequilibrios financieros críticos en la economía familiar:

  1. Se incrementa de forma estadísticamente significativa la probabilidad de que los hogares tengan que pedir dinero prestado o reasignar recursos de manera extrema.
  2. El gasto en alimentación puede sufrir recortes importantes para financiar los insumos médicos, de vivienda o las necesidades terapéuticas que el cuidado especializado requiere.

En conclusión, la carencia de un Sistema de Cuidados sólido no solo empobrece a las mujeres en el presente al privarlas de ingresos propios, sino que destruye su seguridad económica futura y perpetúa la pobreza familiar a lo largo de generaciones.

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