Por Agustín Contreras Stein
Algo no está funcionando… y todos lo saben.
Se puede maquillar el discurso, se pueden repetir cifras o promesas, pero la realidad se impone en la vida cotidiana: el pueblo mexicano está enfermo y pobre. No es una frase exagerada, es una sensación que se respira en hospitales saturados, en farmacias con precios inalcanzables y en familias que simplemente ya no pueden pagar atención médica privada.
Porque hoy enfermarse en México no solo implica un problema de salud, sino también un golpe directo al bolsillo.
Los hospitales públicos ya no alcanzan. Faltan médicos, faltan equipos, faltan medicinas. El Seguro Social y el ISSSTE, que durante años representaron una red de protección, hoy generan más incertidumbre que tranquilidad. Enfermedades como la diabetes o el cáncer avanzan más rápido que la capacidad institucional para atenderlas.
Y mientras la salud se deteriora, el otro gran peso cae sobre los hombros de todos: la deuda pública.
Poco se habla en términos cotidianos de lo que significa deber más de dieciocho billones de pesos. Pero traducido a la realidad, cada mexicano carga con una deuda superior a los ciento cincuenta mil pesos. Una cifra que no se ve, pero que condiciona el presente y limita el futuro.
El gasto público crece, los compromisos sociales aumentan y los ingresos no siempre responden al mismo ritmo. En medio de ello, los programas sociales sostienen una parte importante de la estabilidad política, pero también presionan las finanzas nacionales.
Y como si eso no fuera suficiente, la corrupción sigue fluyendo como una constante silenciosa.
En el terreno político, la historia tampoco pinta sencilla. En Veracruz, el escenario rumbo a 2027 comienza a tomar forma, pero con una oposición que parece fragmentada y sin rumbo claro. Falta operación política, falta estructura y, sobre todo, falta unidad.
Cada partido juega su propio juego.
El PAN se siente capaz de competir solo. Movimiento Ciudadano cree que el momento le favorece. Pero la realidad es otra: sin alianzas, sin estrategia conjunta, el camino se complica. Morena, mientras tanto, ya trabaja, ya se mueve y ya construye terreno.
Y así, lo que podría ser una elección histórica, podría terminar siendo una oportunidad desperdiciada.
Porque en política, como en la vida, la división casi siempre beneficia al que ya tiene el poder.
En contraste, hay casos que avanzan en otra dirección. En Veracruz puerto, la administración de Rosa María Hernández Espejo muestra ritmo, presencia y resultados iniciales que apuntan a una transformación urbana importante.
Trabajo constante, obras visibles y una narrativa de cambio que comienza a tomar forma.
Pero el fondo del problema sigue ahí.
Un país con deudas crecientes, un sistema de salud debilitado y una clase política que aún no termina de entender que la verdadera urgencia no está en el discurso… sino en la vida diaria de millones de mexicanos.
Porque cuando un pueblo está enfermo y pobre, no hay narrativa que alcance para ocultarlo.
