Elsa Maile Landa

 

¿Qué implica un compromiso de no reelección? ¿Qué nos dice que ese documento se extraviara? ¿Cómo podemos entender la necesidad de otro documento avalado ante notario? Son preguntas que parecen muy obvias, implican un claro temor a la dictadura, una desconfianza al populismo que tantos problemas le ha traído a países latinoamericanos; pero también va mucho más allá.

 

En primer lugar, el hecho de que una de las primeras acciones de un presidente sea firmar un documento en el que se compromete a retirarse al momento de que finalice su sexenio es una acción que no se toma por casualidad. AMLO sabía muy bien que uno de los mayores argumentos contra su imagen era justamente el parecido con los discursos populistas de Venezuela y cuba y que eso implicaba de manera definitiva aires dictatoriales y de permanencia en la presidencia. Firmar un compromiso de no reelección le permitía alejar ese argumento temporalmente de la mesa y cambiar el tema en la agenda de los medios. Sin embargo, como pudimos ver esta semana este documento se quedó en el compromiso mediático, una acción para calmar a las masas, pero no tenía una mayor trascendencia para la oficina de presidencia.

 

Esto nos lleva al siguiente punto, qué nos dice el hecho de que presidencia esté perdiendo documentos de importancia. En primer lugar, y quiero pensar que es la explicación, denota una grave desorganización en la oficina más importante de México, nos dice que el caos que se está viviendo ahí permite incluso que los papeles se traspapelen y que se pierdan oficios que, posteriormente tendrán que ser redactados otra vez. Esto a su vez nos demuestra la falta de experiencia de nuestro gobierno incluso cuando de cuestiones burocráticas se trata. La segunda opción, y la que yo considero más peligrosa, es que no existe comunicación entre nuestro presidente y su oficina de presidencia, esto implicaría que las decisiones tomadas, los acuerdos firmados y todo el resto de papelería de gran importancia que debería mantenerse como registro y se debería controlar; un presidente sin una oficina que lo respalde puede llegar a ser peligroso en cuanto a la decisión de poner en práctica lo que está prometiendo.

 

Finalmente, hay otro punto que debemos tomar en cuenta y es la poca confianza que tenemos a un documento que rige nuestras leyes, nuestra organización nacional y nuestros derechos, la constitución mexicana. Ese documento que es, junto con los tratados internacionales, la mayor ley del país y que contiene desde hace años y por cuestiones históricas un artículo que prohíbe la reelección. Estamos tan acostumbrados a gobiernos que no respetan la constitución, a una ley que permite reformas estructurales sin la necesidad de una consulta a la población y a una historia regional que nos ha demostrado lo vulnerable de la ley que necesitamos que nos reafirmen en un documento que van respetar las leyes como si esa no fuera su función principal como gobierno.

 

Podemos decir que el hecho de que presidencia perdiera el documento y que el presidente se viera en la necesidad de firmarlo nuevamente nos demuestran que aún hay muchas cosas en qué trabajar tanto dentro del gobierno como en la sociedad.

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