Tania Eulalia Martínez Cruz, indígena mixe, estudió un doctorado en la Universidad de Wageningen, en Holanda, una de las instancias más prestigiadas a nivel mundial en agronomía.

 

Nació en febrero de 1987 en una comunidad humilde de la región mixe, en el estado de Oaxaca. Sus primeros años de vida los pasó viajando de un pueblo a otro, ya que sus papás eran profesores y daban clases en diferentes comunidades.

 

Así, vivió la mayor parte de su infancia entre montañas, el campo y la naturaleza, lo que le permitió conocer la diversidad natural, social y cultural que hay en su estado y valorar aún más sus raíces.

 

En un principio quería ser maestra igual que sus padres; no obstante, después pensó que quería ir más allá y ayudar a más gente, quizás la ciencia, la tecnología o la innovación sería el camino.

 

Su primer acercamiento con la ciencia fue un libro que le regaló su padre cuando tenía solo cuatro años de edad, pues todos los regalos que le hacían sus papás eran libros y no juguetes.

 

“Cuando hablamos de fomentar la educación o la vocación científica también es importante fomentar el capital cultural que hay alrededor de los niños, lo cual no solo es responsabilidad de los maestros, sino también de los padres”.

 

Expresó que ella por fortuna tiene unos padres que son maestros y desde pequeña le enseñaron el maravilloso mundo de los libros.

 

Cuando tenía cinco o seis años, tuvo que viajar a la Ciudad de México porque sus padres iban a estudiar en la Universidad Pedagógica Nacional, y acostumbrarse a la metrópoli no fue fácil.

 

La gente la discriminaba, la miraba raro y sus compañeros de la escuela se burlaban de ella y le hacían bullying porque no sabía bien hablar español.

 

Al concluir la secundaria tuvo que dejar su comunidad y a su familia por seguir su sueño, seguir estudiando y ser investigadora. Así, con una pequeña mochila dejó Oaxaca y viajó más de 10 horas para llegar a Texcoco, en el Estado de México, para estudiar en la Universidad Autónoma Chapingo.

 

Ella llegó a estudiar primero la preparatoria y luego realizó una ingeniería en irrigación, en la que llevó a cabo un estudio sobre el tratamiento de aguas residuales en la agricultura.

 

Al concluir su ingeniería trabajó un tiempo como asistente de investigación en la misma universidad y una empresa privada, ahí colaboró en un proyecto de transferencia de tecnología de riego.

 

A pesar de que le gustaba lo que hacía, Tania Eulalia quería ir más allá, quería hacer una maestría en la Universidad de Arizona, en Estados Unidos. “Quería hacer un posgrado en el extranjero, no porque la educación en México sea mala, sino porque quería ampliar mis horizontes”, manifestó.

 

No tenía dinero para pagarse un posgrado en esa universidad estadounidense, pero sí el talento para ganarse una beca, y no cualquier beca, una beca Fulbright-García Robles que otorga la Comisión México-Estados Unidos para el Intercambio Educativo y Cultural (Comexus), la cual es sumamente demandada. Así se convirtió en la primera becaria indígena del programa.

 

Con esa beca y con apoyo también del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) realizó una maestría en ingeniería agrícola y biosistemas especializada en el riego y la producción de biocombustibles.

 

Al concluir sus estudios se sentía en deuda con su pueblo, así que decidió colaborar con el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (Cimmyt) y después, con una beca del Conacyt, se fue a Holanda a realizar un doctorado en conocimiento, tecnología e innovación, en la Universidad de Wageningen.

 

Su doctorado tiene un enfoque social y la idea es conjuntar el conocimiento científico y tecnológico con las prácticas habituales de los agricultores mexicanos.

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