En México, como en muchas partes del mundo, el beisbol es un deporte exclusivo de hombres y el softbol para mujeres. Pero los tiempos cambian, y Rosi del Castillo lo sabe bien. 

 

La joven de 22 años de edad es la pitcher estelar de la Selección Mexicana femenil, que el fin de semana, gano su boleto para la justa internacional. 

 

Con un juego sin hit, ni carrera y otras destacadas actuaciones, Rosi encaminó a México a su primer Mundial de Beisbol y de paso, se llevó los reconocimientos como, merjor abridora, la pitcher con más victorias y la que menos carreras aceptó. 

 

“Es un gran logro poder ir a un Mundial, en una zona geográfica en donde se compite con otras potencias como Estados Unidos, Canadá o países caribeños”. 

 

En 2015, la joven originaria de Puebla se convirtió en la primera mujer en jugar en una liga profesional de hombres, en la cual, se mantiene hasta la fecha, gracias a la velocidad de sus lanzamientos; 78 millas por hora. 

 

“El sexismo es la principal causa de que las mujeres se refugien en el softbol, al no encontrar equipos de beisbol, donde ellas puedan demostras su amor por el Rey de los deportes”, señala. 

 

La clasificación al Mundial de la especialidad, se celebrará en 2020 en Taiwan, claro ejemplo que el lugar de las mujeres no es en las tribunas, sino jugando con hombres. 

Entre su trayectoria, Rosi participó en el premundial que se desarrolló en el estadio “Alberto Romo Chávez” en Aguascalientes y fue una de las figuras importantes dentro del pitcheo de la escuadra nacional que dirige el ex perico, Fernando Alejos. 

 

Además, sueña con que su clasificación y con una gran participación en este torneo que le dé una nueva dimensión el beisbol femenil en México. 

 

“Las mujeres que jugamos beisbol es porque nos gusta mucho, pero la verdad no es sencillo hacerlo. No es fácil si quiera lograr forma un equipo exclusivo de mujeres, menos lograr una liga y tenerla en compentencia alta”. 

 

Los obstáculos más complicados para una mujer que aspira a ser beisbolista profesional, no son físicos ni técnicos. Los desafíos más grandes son sociales, por la aceptación en un deporte tradicional para hombres. 

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