Por Jafit Hernández

Esta tecnología que cada vez se vuelve más cotidiana llega a la infancia en forma de peluches y muñecos que permiten responder de forma ‘inteligente’ a estímulos exteriores y establecer relaciones más significativas con los pequeños. “Los niños pueden tener robots como mascotas y compañeros”, afirma Coughlan.

En este sentido, teniendo en cuenta que se encuentran aún en etapas tempranas de su desarrollo moral, cobra especial importancia vigilar esas relaciones. “Hay estudios que muestran que cuando se quedan solos, algunos niños abusan verbal y físicamente de los robots, incluyendo aquellos que son amigables y están diseñados para ayudar a la gente”, señala el investigador, que atribuye estas tendencias a la curiosidad infantil y la necesidad de experimentar. “Puede que sea necesario que los padres enseñen a sus hijos a no dañar a los robots. Más positivamente, los robots pueden darnos la oportunidad de enseñar a los hijos sobre la amabilidad y la estima.

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