Todo lo que rodea al Palacio de Bellas Artes es icónico. Por un lado, su belleza, majestuosidad y singularidad lo convierten en uno de los teatros más importantes a nivel mundial. Por otro, también es uno de los edificios más representativos de la vibrante cultura de la Ciudad de México, testigo de todo tipo de eventos y referente de su identidad urbana.

 

El 29 de septiembre de este año, el gigante de mármol de la Avenida Juárez cumplirá 85 años de inauguración, que se dio después de tres décadas de tortuosas y pausadas obras de construcción, primero por los problemas de cimentación en el suelo lacustre, después por el inicio de la revolución.

 

Mucho más allá de ser la sede de la Orquesta Sinfónica Nacional, la Compañía Nacional de Danza, la Compañía Nacional de Ópera y el Ballet Folklórico de México, el recinto alberga obras de todos los muralistas mexicanos más importantes del s. XX. En su escenario se presentaron artistas internacionales por primera vez al público mexicano, tales como Maria Callas, Duke Ellington y Luciano Pavarotti. También se dio la serie de conciertos más famosos de Juan Gabriel, los funerales de Frida Kahlo y Chavela Vargas. Incluso, fue el esenario de una golpiza entre Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez por un tema de celos.

 

La complicada historia del Palacio

 

A inicios del Siglo XX, México se acercaba a la celebración del centenario de su independencia. El entonces presidente, Porfirio Díaz, quien había hecho de su sello personal la construcción de obras monumentales, buscaba embellecer la ciudad con nuevas sedes para la cultura y las artes. En 1904, encargó al arquitecto italiano, Adamo Boari, el levantamiento de un nuevo Teatro Nacional que remplazara al antiguo. Para esto, se eligió el predio que ocupaba el Convento de Santa Isabel.

 

La construcción del colosal edificio estaba planeada para que durara solamente 4 años, pero terminó demorado treinta. Los trabajos no finalizaban debido a características del suelo, que no soportaban la estructura del edificio. La cimentación de la plataforma llevaba un emparrillado rellenado de concreto, esta técnica era muy utilizada en Chicago, por lo que se decidió aplicarse en la Ciudad de México ya que se consideraba que se encontraba asentada en un terreno muy similar.

 

El arquitecto Boari diseño el edificio en la corriente del “Nuevo Arte Decorativo Moderno”, conocido internacionalmente como Art Nouveau. En este estilo, la arquitectura y decoración y se inspiró en formas y estructuras naturales, particularmente las líneas curvas de plantas y flores, dando una sensación de dinamismo y movimiento, a menudo dada por la asimetría y las líneas curvas, y el uso de materiales modernos, como pilares y barandillas de hierro, esculpidos y curvados en diseños naturalistas

En la estructura del edificio utilizó acero y concreto, técnica que era considerada novedosa; y revistió el esqueleto metálico de mármol. Las esculturas de las fachadas, todas en mármol de Carrara, fueron encargadas a los artistas extranjeros Leonardo Bistolfi, André Allar y Gianetti Fiorenzo, mientras que las esculturas de bronce de la cúpula fueron diseñadas por el artista húngaro Géza Maróti.

 

Sin embargo, por la precaria situación de la revolución mexicana, en marzo de 1916 se detuvo de manera definitiva la construcción del Palacio, marcado también por la salida del arquitecto Adamo Boari.

 

La construcción fue retomada hasta 1928, ahora bajo la dirección del arquitecto mexicano Federico Mariscal. Esta segunda etapa se distinguió por el cambio de estilo en la decoración interior siguiendo los parámetros del Art Déco, así como por el uso de materiales como ónix y mármol. Los detalles de herrería dentro del recinto fueron diseñados por Edgar Brandt, ejemplo de su trabajo son las lámparas que rematan con la representación de Chaac, el dios maya de la lluvia.

 

Remodelación

 

70 años después de su construcción, entre 2008 a 2010 se llevó a cabo la mayor intervención hecha a su teatro y sala de espectáculos, en la que se renovaron plataformas, tramoya, escenario, foso, iluminación, acústica, cabinas y butaquería. Se han realizado otras rehabilitaciones en el recinto, entre las que destacan en 1993, la construcción del estacionamiento subterráneo; un año después la remodelación de las salas de exhibición del Museo del Palacio de Bellas Artes; y de 2000 a 2004, la restauración de sus cúpulas.

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