Por Josselin García Martínez

William Shakespeare, también conocido como el Bardo de Avon, ha sido reconocido por la Enciclopedia Británica como el más grande de los escritores de todos los tiempos, figura única en la historia de la literatura. Sus obras de teatro, tanto comedias como dramas, son  consideradas patrimonio universal por sus múltiples atributos que las han hecho trascender a través del tiempo. Sin embargo, recientemente se ha descubierto un aspecto que sobresale: la precisión casi científica con la que el bardo de Avon mataba a sus personajes.

Con observaciones asombrosamente precisas plasmadas en sus escritos, Shakespeare estaba muy al tanto de los descubrimientos científicos de su época, particularmente de anatomía y medicina.

En un total de 37 obras teatrales, el bardo de Stratford mató a 250 personajes. La divulgadora científica Kathryn Harkup pone como ejemplo la muerte del duque de Gloucester en Enrique VI. Se describe perfectamente la lividez o los cambios de color en la piel tras la muerte, lo que según Harkup, “pueden ser una indicación útil de la causa de la muerte”.

Los avances de Shakespeare incluso eran adelantos a la historia de la Medicina. Harkup menciona un fragmento de la obra “Julio Cesar”, en el que Shakespeare escribió “Tú eres mi esposa y honorable, tan querida como las gotas encarnadas que llegan a mi triste corazón”, lo que según la investigadora, hace referencia a que Shakespeare conocía la teoría de la circulación de la sangre, y eso que fue publicada 12 años después por William Harvey.

Las heridas de arma blanca eran la especialidad de Shakespeare. Como ha constatado Harkup, las descripciones que hacía el autor de las heridas eran muy fieles a la realidad, e incluso en La violación de Lucrecia narra perfectamente cómo cambia la sangre a medida que se coagula.

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