Las bandas criminales no dan tregua en Veracruz.  Un nuevo atentado (después de Minatitlán) se registró este miércoles en contra de la alcaldesa de Mixtla de Altamirano, Maricela Vallejo; su esposo y la persona que conducía el vehículo en el que viajaban por una carretera de la zona serrana del estado.

Un total de 31 casquillos de armas de diferentes calibres fueron encontrados sobre el asfalto, junto con la sangre y la pólvora, los sueños por un pueblo más justo se derramaron.

Hace unos días terminé de leer “Huérfanos del Narco” del periodista Javier Valdez Cárdenas, asesinado el 15 de mayo de 2017. Un libro crudo, real, vivencial y estremecedor que relata los efectos de la violencia en el núcleo familiar, en la vida de decenas de niñas y niños a los que les arrebataron a sus padres en diferentes regiones del país.

Muchas historias las conocimos por los titulares de prensa y las estadísticas que surgen en los momentos más álgidos. Otras narraciones se develan y exponen con rigor periodístico, empatía y valor.

Hechos tan estremecedores y dolorosos como los ocurridos en Minatitlán el Viernes Santo, viernes negro, y en Mixtla de Altamirano el miércoles. En ambos atentados, niñas, niños y jóvenes quedaron en la orfandad.

En el epílogo titulado “La infancia perdida”, Valdés charla con una especialista, una “infantóloga” como él la llama. Se trata de Nashieli Ramírez Hernández, coordinadora de la asociación Ririki Intervenciones Sociales, quien señala -entre muchas otras cosas- que la problemática infantil, desde pobreza, marginación y violencia, debe verse como un asunto de interés público, donde todos los actores sociales se involucren.

“Prevalece en el ámbito social la idea de que quienes tienen que trabajar por los niños son los adultos, la familia”, señaló Nashieli Ramírez a Javier Valdez.

Recordé la publicación de una madre que se viralizó en redes sociales, donde mostraba las compras que había hecho su hija adolescente y estudiante de ballet con la beca oficial del gobierno federal. Le llovieron las críticas y varias personas coincidían en que el padre de esa niña debía comprar sus ballerinas y no los mexicanos (los que pagan impuestos, por eso de que los recursos públicos que son de todos).

Cualquier actividad física que se practica de manera constante genera disciplina y valores en los infantes, desde resistencia, persistencia y constancia. Créame que el ballet es riguroso, costoso y que en México hay jóvenes con mucho talento, que no pueden llegar a más por falta de oportunidades.

Podría no ser tan descabellada la política de dar dinero a estudiantes de secundaria y bachillerato, porque en primer lugar: permitiría que los jóvenes sigan estudiando, les genera un motivo (conviene más estudiar que dejar de hacerlo. Puede ser una razón de peso para las nuevas generaciones por el tema de la conveniencia); en segundo término, mejorar las condiciones de vida de sus familias y con ello reducir los índices de marginación y pobreza; y en tercero: alejarlos de los grupos delictivos.

Como toda política deberá medirse y evaluarse: ver si en algunos meses se reduce la incidencia delictiva y los entornos violentos en los que se ven envueltos menores de edad. Y por supuesto, implementar otras políticas públicas transversales que atiendan a las infancias y garanticen los derechos humanos, que pacifiquen y concilien a la sociedad; viéndolo como un asunto de interés público, sumando con las autoridades, las primeras responsables en garantizar el estado de derecho en México y en Veracruz.

“Con un atrapasueños, sí es necesario, pero hay que cazar lo que nos han negado y merecemos”, Nashieli citada por Javier Valdés en “Huérfanos del Narco”, libro que terminó de imprimirse en julio de 2015.

Twitter @ydlan

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