Por Daniela Alarcón

Según la psicóloga y escritora Patty Chang Anker, autora de Some Nerve: Lessons Learned while Becoming Brave, señala que casi el 50% de personas tienen miedo de no hacer pie en la piscina. La natación es conocida como uno de los deportes más completos debido a que tiene demasiados beneficios para la activación física y la salud.

Entre estos beneficios podemos encontrar mayor flexibilidad y elasticidad, combate enfermedades crónicas como la diabetes, el colesterol, asma, al igual que ayuda al sistema respiratorio. Es recomendado para cualquier tipo de personas ya que es de bajo impacto sobre huesos y articulaciones, pero el hecho de que sea de bajo impacto no significa que no sea uno de los mejores ejercicios para la quema de grasas.

La natación se conoce como un deporte para cualquier tipo de persona, incluso para los bebés. Sin embargo, en muchas ocasiones los padres son quienes frenan este desarrollo debido a que crean un miedo ante la vida de sus bebés por temor a un accidente, lo que no saben es que están frenando la mejor etapa para un excelente desarrollo psicomotor, sociales y cognitivos.

Cabe destacar que el saber nadar puede prevenir muchos accidentes a corto o largo plazo debido a que es una de las causas principales de muertes entre los niños. La Asociación Española de Pediatría (AEP) señala que iniciar las clases de natación entre los uno y cuatro años, disminuye el número de ahogamientos.

Sin embargo, expertos han aconsejado que los menores deben relacionarse con el agua desde que son bebés, debido a que a esa edad aún tienen la capacidad del reflejo natatorio y de apnea. Mencionando que, aunque los bebés no naden con la misma intensidad que un adulto, logran obtener un aumento en la eficiencia de su proceso de oxigenación a nivel celular lo cual trae condiciones favorables para todo el organismo y el aparato cardíaco.

Reducción de ansiedad, autocontrol, seguridad en sí mismo y alivio son solo algunas de las ventajas que brindará la natación en el desarrollo de los bebés. Es importante conocer las instalaciones de la alberca antes de inscribir a un pequeño a natación y los niveles de cloración en la alberca debido a que un infante no puede nadar con la misma intensidad de cloro que un adulto ya que según una investigación belga en 2003 alertó acerca de que podría desarrollar problemas en un epitelio bronquial.

 

Por ello, miembros de la AEP, han mencionado que estos podrán ser evitados ‘‘siempre que existan niveles de cloración del agua dentro de los límites establecidos y que la aireación de las instalaciones sea adecuada’’. Al igual que es importante poner conciencia en los padres sobre la necesidad que obtendrá que un pequeño aprenda a nadar desde esa edad.

No es un lujo, sino una necesidad, un pequeño que crece sabiendo controlar sus miedos es una futura persona exitosa capaz de encontrar el autocontrol, la paciencia y el amor en lo que hace, ya que el saber diferentes estilos de natación, aprender a ganar una competencia y saber perder, es parte del correcto desarrollo de una persona.

 

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