Veintidós kilómetros durante seis horas caminó un niño LeBarón para pedir ayuda y poder salvar a sus hermanos que previamente había escondido entre arbustos después de que grupos criminales rafaguearan los vehículos donde viajaban tres mujeres con sus hijos.

 

Catorce kilómetros caminó una adolescente herida de bala después de estar escondida por más de doce horas en la sierra después de ese ataque.

 

Más de doscientos casquillos encontraron cerca de los vehículos rafagueados donde murieron tres mujeres y seis menores de edad.

 

Éstos son algunos datos que leo en la cobertura que hizo El Universal a la tragedia suscitada al norte del país. Y la pregunta obligada surge: ¿Qué tipo de monstruos asesinan a mujeres y niños a pesar de los gritos de una madre que ruega no disparen contra los pequeños? ¿Qué engendros vacían las cargas de sus armas en seres indefensos?

 

Definitivamente seres que no necesitan abrazos… sino balazos. Perdone usted mi belicosidad y malos pensamientos pero desde que me enteré de la noticia, no he dejado de sentir un gran coraje, indignación y tristeza por lo que está pasando en el país.

 

Y no solamente es la familia LeBarón, también es la de Ecatepec, la madre que caminaba con sus tres hijos cuando sujetos bajaron de un auto y les dispararon a quemarropa, supuestamente porque ella junto con su esposo eran distribuidores de droga. ¿Y los niños? ¿Qué culpa tenía la niña de apenas nueve años de edad?

México está descompuesto, y cuando algo se descompone desde mi opinión se elimina, porque si no, echa a perder todo lo que está alrededor.

 

Es verdad, la violencia muchas veces genera más violencia, pero no podemos quedarnos de brazos cruzados y ver cómo cualquiera atenta contra los más vulnerables.

 

Creo que el tiempo de cambiar la estrategia de seguridad llegó, tanto a nivel federal como estatal, porque seamos realistas: Veracruz también está cambiando. ¿Cuándo había visto usted que fuera a una función de lucha libre, entraran desconocidos, y le dispararan al luchador? Pues pasó hace unos días en la mera capital, Xalapa. Sujetos entraron a un local de la colonia Carolino Anaya y muy valientes, sin el menor pudor, vaciaron su arma sobre el cuerpo del luchador Corsario de Fuego.

 

¿Qué seguridad tenemos cualquiera de nosotros?

 

No sé usted, pero creo que después del operativo de Culiacán donde se soltó a Ovidio por amenazas de los delincuentes contra la población civil, algo más se soltó. Dijeran por allí, ya cualquiera se sentirá intocable y todo poderoso.

 

Mención aparte merece el tema de feminicidios en el estado, donde también los asesinos andan muy envalentonados al ver que no pasa nada si matan mujeres. Aunque lo que más me sorprendía era el hecho de que hasta celebremos el cambio de lugar en las estadísticas. ¿Hace la diferencia? Desde mi opinión no. Matan a una, a dos; a cien, a doscientas mujeres… la realidad es que nos están matando.

 

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