España y México no sólo nos une el pasado, sino el presente y el futuro. A tal grado se encuentran intrincadas nuestras naciones, que podemos hablar, en algunas ocasiones, de fenómenos culturales que si bien tienen distintas manifestaciones son sólo representaciones del mismo origen. El objeto, como representación histórica y punto de unión, tiene a la talavera como ejemplo de dos culturas que se han complementado a lo largo del tiempo, y no pueden explicarse la una sin la otra. 

El origen de la talavera está en lozas producidas en China, que llegaron a la Península Ibérica a través de Mallorca a finales del siglo XII. De ahí su uso se extendió al resto de Europa, tomando mayor relevancia en Talavera de la Reina (Toledo).  Existen diversas hipótesis de cómo llegó esta cerámica mayólica a México, pero la más popular es que la trajeron monjes, que enseñaron a los habitantes naturales a producir la cerámica vidriada.

Identidad binacional

Al día de hoy, la talavera es tan poblana y tlaxcalteca, como perteneciente a las comunidades de Talavera de la Reina y El Puente del Arzobispo, en España. Artesanos de ambas culturas han transmitido el conocimiento en la materia a generaciones de artesanos de un lado del Atlántico al otro, ayudando a forjar una identidad binacional.

Por ese motivo, en febrero del presente año, la directora general de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), Audrey Azoulay, entregó al gobierno de México el Certificado de Registro Binacional (México/España) del “Proceso de Fabricación de la Cerámica de Talavera como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad”. Gracias al esfuerzo multilateral realizado desde la UNESCO, no solamente se hace un reconocimiento a la hermandad de nuestras tradiciones arraigadas, sino que también se abre el camino para crear las condiciones propicias para un diálogo renovado entre España y México.

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