Por Ezequiel “Ezuu” Ov

Desde que comenzaron a ponerse de moda los servicios de streaming, la industria del entretenimiento se ha vuelto loca. Todos quieren participar, todos quieren ser la plataforma número uno, el dominante, la emperatriz, el rey y amo de todos. Pero esto es más fácil dicho que hecho, solo pregúntenle a Disney.

A pesar de ser uno de los máximos dueños del mundo, el ratón no ha logrado mantenerse al frente de todos los posibles mercados que existen; claro, domina el cine, la mercancía, el mundo de los parques temáticos, etc., pero hay uno que simplemente no puede obtener, pues le pertenece al maravilloso tío Netflix.

Gracias a la pandemia global que vivimos en este momento, las acciones de Disney han desfallecido tan drásticamente que, por unos días, llegó a valer menos que Netflix (¡ouch!). Así es, ni Disney+ (el reciente servicio de streaming de la compañía) ha logrado salvarlos de la gran caída que sufren. A pesar de tener millones de cuentas suscritas, el servicio sólo llegará a generar dinero hasta dentro de unos 5 años, según los expertos; esto por el gigantesco costo que lleva el abrir un servicio de tal magnitud, sumado a los presupuestos de los nuevos shows y películas hechas directamente para su nuevo juguete.

Esto no es lo peor. Como consumidores se espera que estemos radiantes de felicidad con más servicios: más servicios es más contenido, ¿no? Pero cuando Warner Bros., Hulu, Amazon, Apple, entre muchos más, también quieren entrar a la competencia en un mercado ya saturado -y con costos individuales-, creo que es razonable estar un poco preocupados por el futuro de la industria y el futuro de nuestras billeteras.

Pero sin más y con algo de resignación, les deseamos la mejor de las suertes a todos los competidores y, esperando, que el mejor gane.

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