Fue hace un par de años que internet y nuestras redes sociales se empezaron a llenar con videos, frases, imágenes, sobre la felicidad y cómo conseguirla. Todo el mundo parece tener muchos consejos sobre cómo encontrarla y cómo ser la mejor versión de uno mismo. En efecto, ser feliz es un proceso personal, y cada uno de nosotros tiene su propio camino y responsabilidad para llegar ahí.

 

No obstante, nunca sabemos qué impactos positivos pueda tener en alguien este tipo de información. Muchas de estas son cosas que hemos conocido pero que también hemos olvidado. Otras nos han proporcionado nuevas ideas e inspiraciones, o ampliado el alcance de las formas en cómo nos entendemos, arrojando luz en los vagos rincones de nuestra mente.

 

Esta fue una de las inspiraciones del colombiano Alfonso Becerra, cuando en el Primer Congreso de Gestión Cultural Chileno de 2010, lanzó la idea del Día Mundial de la Alegría, el primer día de cada agosto, para que todos puedan reflexionar sobre cómo este sentimiento puede transformar nuestras vidas teniéndolo más presente y compartiéndolo con quienes nos rodean. A su parecer, si tenemos fechas para recordar efemérides políticas, eventos religiosos y ser hechizados por las temporadas de compra, seguro podemos valorar el estado de alegría y euforia que tanto bien nos hace.

 

Del latín alecris (vivo y animado), la alegría es un estado emocional de intenso placer que se manifiesta en signos visibles como el lenguaje corporal y las expresiones faciales. Y con un efecto de transmisión, envía un mensaje positivo a las personas alrededor, permitiendo la convivencia y contagiando el ambiente de confianza.

 

La alegría es una respuesta neuroquímica producida en el cerebro cuando hacemos actividades en beneficio de nosotros o nuestro organismo. La dopamina y la serotonina son sustancias que nuestro cuerpo libera después de ejercitarnos, de encontrar algo gracioso, al estar en presencia de alguien a quien apreciamos, al permitirnos nuevas experiencias o después de terminar proyectos de largo plazo, entre otras muchas. Quien la haya experimentado, sabe que es imposible fingirla.

 

El día nos invita a recordar que es posible volver a enamorarse de estar vivo, independientemente de lo que haya ocurrido en nuestra vida. Los obstáculos y desafíos que experimentamos no son los impedimentos, sino el camino. Nuestro dolor, decía el ex primer ministro del Reino Unido, Winston Churchill, es la clave para sanar lo que está enterrado profundamente dentro de nosotros. Como el declaró una vez: “Si estás atravesando el infierno, sigue adelante”. La salida del dolor y la angustia no es huir de él o guardarlo en lo profundo de nuestra mente, ya que volverá mas fuerte.

 

Todo el organismo recibe los beneficios de la alegría, especialmente en el corazón y en la mente. Las personas alegres tienen menos posibilidades de sufrir un ataque cardíaco, una presión arterial más saludable, un colesterol más bajo, son menos propensos a la obesidad y sus niveles de estrés están disminuidos. Además, los estudios demuestran que las personas felices tienen más probabilidades de hacer ejercicio, comer alimentos saludables, dormir mejor y pueden evitar fumar con mayor facilidad.

 

Porque la alegría no sólo se crea, sino que también hay que protegerla y nutrirla, es indispensable percatarse de qué nos hace alegres y cómo podemos invertir más tiempo en ello.

 

La amistad es una de las claves para esto. Por ser seres sociales, requerimos de los demás para satisfacer nuestro entusiasmo. Estar rodeado de gente que también es alegre y con buen sentido del humor nos facilita esto.

 

Se dice una y otra vez: el ejercicio físico es beneficioso para nuestra salud. Lo interesante es que nos ayuda a estar más alegres. El motivo de esto es que cuando realizamos ejercicio, liberamos los neuroquímicos anteriormente mencionados, pues nuestro cuerpo nos recompensa con todo lo que nos hace bien. Estos químicos nos ayudan a sentirnos más relajados y mejoran nuestro estado de ánimo y nuestra percepción de la vida.

 

Y por último, reír, reír y reír. Cuando y donde se pueda encontrar el humor, hay que abrazarle, especialmente si viene en forma de una buena carcajada. La risa es buena para el alma y los abdominales.

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