Con gran conmoción y un centenar de emociones resguardadas especialmente en el mexicano, cada 12 de diciembre no se dan a esperar los múltiples festejos que se le otorgan a la Virgen de Guadalupe, la madre de los mexicanos.

 

Entre caravanas y procesiones con gran amplitud, el regocijo se lleva a cabo con una enigmática tradición que especialmente en México se impregna entre todo su territorio y se finaliza sin duda alguna con la esperada canción de “las mañanitas” a la medianoche, entre pirotecnia, unos cuantos platillos , todos sus creyentes unidos y el corazón emocionado.

 

Su historia ha trascendido a lo largo de varias generaciones y se sigue remontando para las nuevas; Esta divinidad forma parte de la llegada de los españoles a México siglos atrás. Para que los habitantes aceptaran y adoptaran las creencias españolas al nuevo mundo necesitaron enlazar ambas con distintos elementos, para que el contexto original no se perdiera totalmente, conservando sus raíces. Fueron los sacerdotes quienes cultivaron la fe en este contexto.

 

Los aztecas solían realizar actividades de peregrinación en una edificación construida en el Tepeyac, que hasta hoy en día forma parte del conjunto de templos de adoración a las afueras de la Ciudad de México. Los religiosos europeos reemplazaron sus deidades que estaban ubicadas en este templo con un una capilla dedicada a la Virgen María, madre de Jesús, sin embargo los indígenas continuaban dirigiéndose a agradecer a su diosa madre, pensando que los invasores finalmente la habían aceptado, menciona el autor D.A. Branding.

 

La aparición de la Virgen de Guadalupe

 

Dentro de este histórico relato destaca el protagonismo de Juan Diego y la Santidad. Se estima que entre 1530 y 1531, un indio que se trasladaba a misa hacia la Ciudad de México, al pasar junto al cerro de Tepeyac, justo en el amanecer y escuchó una voz que lo llamaba. Juan Diego visualizo a una mujer hermosa y noble que le pronunció según unos cuantos relatos: “Deseo vivamente que se me construya aquí un templo, para en él mostrar y prodigar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa a todos los moradores de esta tierra”.

 

Lo mando con el Obispo de aquel entonces para que le replicará el mensaje, frente a Monseñor Zumarraga Juan Diego desplegó la manta que era de Juan Diego, esta tenia rosas que brevemente había cortado por orden de la Virgen y cayeron al suelo las flores, encontrando pintada lo que hoy se conoce como la imagen de la Virgen de Guadalupe. Al contemplar tal hecho, el obispo llevó la imagen santa a la Iglesia Mayor y edificó una ermita en el lugar que había señalado el indio.

 

Las procesiones

 

En 1824, el Congreso de la Nación declaró el 12 de diciembre como Fiesta Nacional, así que la alegría y festividad que la entidad mexicana maneja desde tiempos inmemorables en las celebraciones que se edifican con cierto tiempo y espacio específico, son aún una realidad en la que fieles atesoran repletos de fe.Se convocan y trazan una ruta determinada para denotar el hecho.

 

En la actualidad, la Basílica de Guadalupe es uno de los lugares más visitados por millones de mexicanos y cierto número de espectadores extranjeros que acuden por devoción y fe a entregar promesas o a pedir por ciertos milagros subjetivos.

 

Cada 11 de diciembre, antes del amanecer, a la medianoche, son miles de personas quienes se congregan con ofrendas, cantos y artistas reconocidos ante el altar le cantan las mañanitas a la Virgen.En algunos hogares se recitan ciertos rosarios y danzas para honrarla.

 

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