POR: Elsa Maile Landa

A pesar de que las semanas avanzan nos enfrentamos a un discurso que no se ha modificado como se esperaría. Durante esta semana mucho se habló sobre los recursos que han sido entregados a la gente y se le sigue dando crédito a las subastas y su capacidad de servir como retribución a todas las personas en necesidad del país.

Siguiendo con su ya conocida política de dar los apoyos de manera directa a las comunidades y de desconfiar de todas las instituciones que deberían existir para su apoyo y no como un obstáculo para ayudar al pueblo.

Sin embargo, no son las subastas ni sus continuos reproches a la reforma energética el tema que debería preocuparnos más bien es, extremo necesario, poner un poco de atención a las declaraciones que hizo en la conferencia del viernes sobre el tema de la educación.

Ya hemos sido testigos de los recortes presupuestales y de los equipos que necesitan encontrar financiamientos particulares para poder representar a México en competencias de conocimiento. Su postura con respecto a este tema se refrenda en las mañaneras con la
siguiente frase que me permito citar: “Es preferible tener a todos en la escuela que tenerlos en la calle. Los organismos financieros internacionales dieron la orden de que lo fundamental era la excelencia (…) esa política claro que no la vamos a seguir. Nos importa la calidad, pero también la cobertura y el acceso.”

Este enunciado tiene tres aspectos que vale la pena analizar. En primer lugar, la cobertura, es indiscutible que la alfabetización de cualquier país debe ser un punto que tomar en consideración en la planeación de cualquier gobierno. El acceso a educación es un derecho de
todos los ciudadanos. Debe ser respetado, lamentablemente el acceso o la construcción de infraestructura para la creación de escuelas no asegura que se cuente con los recursos e incluso con los maestros, mucho se ha hecho en el pasado para brindar acceso a la educación dejando de lado aspectos importantes como la permanencia e incluso la igualdad de oportunidades con perspectiva de género.

En segundo lugar, hablar de excelencia es un punto que debería importarnos como país; sobre todo si seguimos con un discurso que pone en primer plano nuestro papel ante el mundo y como potencia regional. Es una realidad que la lucha tecnológica y por el conocimiento siguen
en pie y es necesario contar con las herramientas necesarias para estar presentes en la misma.

La excelencia en la educación es un punto primordial en la campaña para mejor las condiciones de vida de los mexicanos, tiene el potencial de mejorar la movilidad social y de incrementar la inversión. Lamentablemente, la dejamos a un lado y optamos por mantenernos con modelo de crecimiento por distribución de riquezas que ha demostrado que no funciona y que deja a la
sociedad en un constante estado de clientelismo.
Finalmente, y esto es algo que no deberíamos tener que discutir junto con la educación. El constante problema del presidente con los organismos internacionales. Como parte de su discurso contra el neoliberalismo es comprensible que no apoye las decisiones del FMI o del
Banco Mundial que han utilizado su capital para apoyar países con la condición de implementar políticas neoliberales. Pero, hay un punto en el que se debe considerar aquello que es bueno al país en lugar de descartarlo con tal facilidad.

En resumen podemos decir que hay cosas que no cambian y la confusión de AMLO entre estar en campaña y gobernar, entre ideología y política nacional parecen ser una de esas cosas que seguiremos viendo durante su sexenio.

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