Por David Quitano

Para Estados Unidos, la prioridad es evitar el surgimiento de una coalición euroasiática capaz de dominar el continente, manteniendo al mismo tiempo la cohesión de su propio espacio geográfico.

Zbigniew Brzezinski

03 de marzo de 2026. Xalapa, Ver.- Desde la perspectiva de la Economía Política Internacional (EPI), los conflictos no solo se miden en bajas, sino en la reconfiguración de las arterias del comercio global. La escalada bélica de este marzo de 2026 entre Irán y Estados Unidos ha dejado de ser una crisis regional para convertirse en el catalizador definitivo de la mayor relocalización industrial de nuestra era.

En la carrera por la hegemonía global, Estados Unidos estratégicamente ha buscado el Estrangulamiento Energético de China, en un primer momento con el abastecimiento venezolano, y ahora con Irán. 

El talón de Aquiles de la potencia asiática ha quedado expuesto. China es el mayor importador de crudo del mundo y su dependencia de la región es crítica, reportes de especialistas mencionan que cerca del 91% de las exportaciones de petróleo de Irán tienen como destino Beijing. 

Con el cierre de facto del Estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del crudo mundial, China ha visto interrumpido el flujo de 1.38 millones de barriles diarios que recibía solo de Teherán. Hoy en día no ha habido una escalada abrupta en los precios del energético porque aun existen barcos que se encuentran en los mares que alcanzaron a salir antes de comenzaran los ataques. 

Como señala Alicia García-Herrero, economista jefe para Asia-Pacífico en Natixis, este choque llega en el peor momento para China, que enfrenta una demanda energética voraz por la expansión de sus centros de datos para Inteligencia Artificial. 

Aunque Beijing cuenta con reservas estratégicas para unos 90 días (cerca de 900 millones de barriles), la pérdida del petróleo iraní “con descuento” y el alza del Brent por encima de los 82 dólares erosionan la competitividad de sus manufacturas, encareciendo cada producto que sale de sus puertos hacia Occidente, contexto adverso a su lógica de producción. 

Un factor determinante en esta columna es la sostenibilidad del ataque iraní. Expertos en seguridad como Etienne Marcuz, de la Foundation for Strategic Research, advierten que la capacidad de Irán para mantener una ofensiva de alta intensidad tiene fecha de caducidad.

Tras disparar más de 1,000 drones y 400 misiles en los primeros días del conflicto, el inventario iraní —que antes de la guerra se estimaba en 2,500 misiles balísticos— ha sufrido una degradación crítica. La estrategia de Estados Unidos de “atacar al arquero y no solo a las flechas” ha destruido, según reportes de inteligencia de febrero, casi dos tercios de sus lanzadores móviles. 

Sin capacidad de reposición inmediata debido al bloqueo de componentes electrónicos, Irán se enfrenta a un escenario de “munición agotada” si no logra una pausa operativa en las próximas semanas.

Es en este vacío de certidumbre en Eurasia donde México se consolida. El conflicto ha disparado los costos logísticos de forma estratosférica, el flete de un superpetrolero (VLCC) desde el Golfo hacia Asia ha pasado de 100,000 a más de 424,000 dólares diarios en apenas una semana.

Para un economista internacionalista, esto valida la teoría del “Friendshoring”. El Nearshoring en México ya no es solo una estrategia de ahorro en mano de obra, sino una cobertura de riesgo geopolítico. Mientras el Estrecho de Ormuz permanece bajo fuego, la integración de México en el bloque T-MEC ofrece algo que el sudeste asiático no puede garantizar en 2026: continuidad operativa. 

Con una inversión extranjera que, a pesar de la incertidumbre fiscal interna- tema que escribiremos próximamente-, busca refugio en la estabilidad energética de Norteamérica, México se posiciona como el baluarte de resiliencia frente a un mundo que ha redescubierto que la cercanía geográfica es la mejor defensa comercial.

La guerra en el Golfo nos enseña que la eficiencia de las cadenas de suministro largas ha sucumbido ante la necesidad de la seguridad nacional. Como afirma Ian Bremmer, estamos en una “recesión geopolítica” donde el mapa comercial se está fragmentando. 

En este nuevo orden, los cohetes que se agotan en Irán y el combustible que no llega a China son las señales que marcan el inicio de una era donde producir “cerca de casa” es la única forma de garantizar el futuro. Ojalá no dejemos pasar esta oportunidad, El Salvador y Argentina están haciendo las reformas necesarias, el primero dando certeza jurídica, el segundo buscando llevar ese 60% que se encuentra en la informalidad a la formalidad. 

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