La Amazonia es la mayor región de bosque tropical del planeta. Desde 1970 se ha perdido solo en Brasil una superficie forestal más grande que toda Francia. La ganadería ha sido la responsable de la mayoría de esta deforestación.

Desafortunadamente, cada año pierde enormes extensiones de selva, emitiendo grandes cantidades de gases de efecto invernadero en un contexto de violencia y violaciones de los derechos humanos. Si queremos evitar un empeoramiento del cambio climático, la pérdida de su rica biodiversidad y garantizar la supervivencia de los pueblos indígenas, es fundamental detener la deforestación y degradación de la Amazonia.

Brasil es el país que alberga la mayor parte de la selva amazónica, pero la deforestación y la degradación forestal es un problema crónico. La expansión de la frontera agrícola para el cultivo de soja y la creación de pastos para la ganadería es la principal responsable de este problema. También, la explotación forestal industrial, en gran parte ilegal, abre el camino a la destrucción posterior mediante el uso del fuego. Otra gran amenaza son los grandes proyectos hidroeléctricos que amenazan toda los valiosos ríos de la cuenca amazónica, como el complejo de presas proyectadas en la cuenca del río Tapajos, hogar de la tribu Mundurukú.

Nuestra dieta tiene mucho que ver con lo que pasa en la Amazonia. La expansión del cultivo de soja en Brasil se debe en gran medida a la demanda internacional de piensos que la ganadería industrial necesita para alimentar los pollos, cerdos, vacas, etc. que forman parte de nuestra dieta excesivamente rica en proteína de origen animal.

También hay empresas españolas responsables en la conflictividad que se vive en la región amazónica. Empresas eléctricas y empresas aseguradoras están intentando hacer negocios con estos proyectos destructivos. También, el mercado español de madera tropical tiene una gran responsabilidad, ya que España también es uno de los mayores importadores europeos de madera tropical amazónica. La demanda de maderas valiosas, como el ipé, alimenta el fraude y la corrupción en el sector forestal. España es el cuarto importador mundial de madera de ipé, contribuyendo no solo a la destrucción de la Amazonia sino tambień a la invasión de territorios indígenas o el trabajo esclavo.

La Amazonía arde; tal es la extensión de los incendios que afectan a esta región crucial para el planeta, que muchos estados amazónicos como Amazonas y Acre en Brasil se han declarado en emergencia o alerta ambiental.

Con más de 74.000 incendios registrados desde enero, según datos del INPE (siglas en portugués del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil), Brasil muestra un aumento de incendios forestales de 83% respecto al año pasado.

Se trata del número de incendios más elevado desde que comenzaron a tomarse registros en 2013.

Y los incendios de la Amazonía no se han limitado a Brasil, también afectan las regiones amazónicas de Bolivia, Paraguay Perú.

¿Pero cómo se llegó a esta situación? ¿Qué dio origen a estos múltiples incendios que generaron una ola internacional de críticas a la política ambiental del presidente brasileño, Jair Bolsonaro?

Una de las causas a las que suelen atribuirse los incendios forestales es la temporada seca.

Por su parte, el presidente brasileño ha ido más allá de la temporada seca para explicar la causa de los incendios, y ha llegado a decir, sin presentar ningún tipo de evidencia, que organizaciones no gubernamentales podrían haber comenzado los incendios a fin de socavar su autoridad.

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