6 de enero de 2026. Xalapa, Ver.- Aunque hoy los niños esperan tecnología y juguetes, los regalos que los Magos de Oriente entregaron hace más de dos mil años tenían un valor que iba mucho más allá de lo económico. Cada uno de estos obsequios era un mensaje cifrado sobre el destino del niño que buscaban.

El oro, el metal más precioso de la época, era un tributo reservado exclusivamente para los reyes, reconociendo su soberanía. Por su parte, el incienso, una resina aromática quemada en los templos, simbolizaba la divinidad y la oración, elevándose al cielo como un puente entre lo humano y lo sagrado.

Sin embargo, el regalo más enigmático era la mirra. En el mundo antiguo, esta sustancia se utilizaba para embalsamar cuerpos y como analgésico, lo que representaba un recordatorio de la naturaleza humana y el sacrificio futuro.

Al analizar estos presentes, descubrimos que la tradición de los Reyes Magos no nació solo como un acto de generosidad, sino como una ceremonia cargada de simbolismo. Hoy, al intercambiar regalos cada 6 de enero, mantenemos vivo ese antiguo lenguaje de reconocimiento y respeto, recordándonos que el valor de un detalle reside, sobre todo, en la intención y el significado que le otorgamos.

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