Por Mauricio Lascurain 

La Doctrina Monroe, tantas veces dada por obsoleta, ha renacido vigorosa en el escenario hemisférico. Por primera vez en décadas, la influencia china en América Latina parece estar cediendo terreno. Una serie de recientes decisiones estratégicas, desde cables submarinos suspendidos a restricciones diplomáticas, revela que Washington ha decidido recuperar terreno que consideraba propio en este momento crítico regional. En muchas cosas se nota el retroceso chino. El proyecto de cable Chile-China Express fue suspendido; Colombia aplicó aranceles al acero chino; México evalúa su seguridad económica ante Beijing; y Perú rechazó el ingreso de un buque hospital militar chino.

Incluso Honduras podría pronto revisar su acercamiento a China y reavivar sus relaciones con Taiwán en un giro inesperado. Este escenario es opuesto al anunciado en 2013, cuando John Kerry afirmó en la OEA que la Doctrina Monroe había muerto. Ese gesto abrió espacios que China, Rusia e Irán supieron aprovechar rápidamente. En todo caso, en 2025 la administración Trump resucitó el principio, agregando un corolario para frenar la influencia de potencias extracontinentales, en especial la China comunista actual. En Florida se celebró este mes la Cumbre Escudo de las Américas, donde se formalizó esta reorientación. Ahí trazaron una estrategia para bloquear interferencias externas, combatir el narcoterrorismo y abordar la migración irregular. Poco después, Estados Unidos anunció el despliegue “Mares del Sur 2026”, en el que USS Nimitz y USS Gridley irán a hacer ejercicios conjuntos con una decena de países.

Panamá se ha transformado en uno de los casos más emblemáticos. No solo consolidó su alianza con Washington, sino que también recuperó el control sobre los puertos de Balboa y San Cristóbal, hasta entonces gestionados por la empresa hongkonesa CK Hutchison. El mensaje es claro: las infraestructuras estratégicas se alinean de nuevo con Estados Unidos en un momento en que la competencia geopolítica marca las prioridades. China ha tenido más contratiempos. La Cumbre de la CELAC celebrada en Colombia consiguió que asistieran solamente tres presidentes, a pesar de que se esperaba un discurso virtual de Xi Jinping. En el Caribe, Estados Unidos reforzó su apuesta por la seguridad energética y la lucha contra el crimen organizado, mientras que China quedó fuera del foro, como reflejo del cambio en las relaciones diplomáticas de la región.

En Chile hay otro frente disputado. Tras advertencias de Estados Unidos, quedó congelado el proyecto de cable submarino y se canceló la instalación espacial Cerro Ventarrones. Esa tendencia se ve reforzada por la firma de una declaración conjunta entre Washington y Santiago sobre minerales críticos. Por su parte, Perú rechazó la llegada del buque hospital chino y este año reforzó su condición de aliado clave extra-OTAN. También Bolivia nos ha sorprendido. Después de años de alinearse con los proyectos políticos cercanos a Pekín, su nuevo gobierno ha frenado la expansión china en sectores como el zinc y ha intensificado la lucha contra las drogas. Estos movimientos indican un giro significativo, que reubica al país dentro del Escudo de las Américas y modifica el
equilibrio regional anteriormente más favorable a.

Estos avances no significan que la presencia china en la región sea menos profunda, especialmente en lo que se refiere a infraestructura crítica como puertos, redes eléctricas, telecomunicaciones y estaciones espaciales. Por ello, Washington ha elegido una estrategia de “recalibración”, con la convicción de que la competencia será larga. Sin embargo, los últimos movimientos indican que Estados Unidos está recuperando protagonismo en la batalla hemisférica de nuevo. Estratégicamente, con hechos que la respalden, América ha regresado, no como un lema, sino como una afirmación. La región vive una disputa de largo aliento y los gobiernos latinoamericanos están recalculando sus intereses con más cautela. El paso atrás de China no es definitivo, pero sí supone una nueva etapa en la competencia global. Por el momento Estados Unidos parece haber recuperado la iniciativa regional.

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