20 de marzop de 2026. México.- Un equipo multidisciplinario de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), liderado por la doctora Tatiana Fiordelisio, ha desarrollado un biosensor portátil diseñado para revolucionar la prevención del cáncer cervicouterino. A diferencia de métodos convencionales como el Papanicolaou o la colposcopía —que detectan alteraciones cuando ya existe un daño celular o lesión—, este innovador dispositivo identifica la presencia del virus de forma directa y precoz, incluso antes de que el organismo presente afectaciones.
“Lo que hace es detectar al virus y eso nos permite prevenir con mucho tiempo la posibilidad de generar lesiones o cáncer”, explicó la investigadora en entrevista para XEU. El proyecto es el resultado del trabajo colaborativo de cerca de 60 especialistas de diversas áreas, quienes han logrado condensar tecnología de alta precisión en un formato accesible y de fácil manejo.
Autotoma y validación clínica: El camino a los hogares
Una de las ventajas competitivas de este biosensor es su versatilidad. El diseño permite la autotoma de muestra, eliminando barreras de acceso y facilitando que cualquier persona pueda realizarse la prueba en la privacidad de su hogar o en clínicas rurales pequeñas. El proceso es significativamente más rápido que los análisis de laboratorio tradicionales, arrojando resultados en tan solo media hora.
Actualmente, el biosensor se encuentra en una etapa crítica de validación clínica, donde se analizan cerca de 3 mil muestras para garantizar su sensibilidad y especificidad. Una vez concluida esta fase, el equipo de la UNAM buscará la aprobación de la Cofepris para iniciar su producción y distribución a nivel nacional.
Este avance de la ciencia médica mexicana ocurre en una semana donde la salud ha estado en el centro del debate, tras los resultados publicados en The Lancet sobre la semaglutida y el descubrimiento en España sobre la transmisión genética en la reproducción asistida. Sin embargo, el biosensor de la UNAM destaca por su enfoque preventivo y social, con el potencial de reducir drásticamente la mortalidad por cáncer cervicouterino en comunidades donde el acceso a servicios de salud especializados es limitado.
